Lecturas del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (B)

Cristo, el Pan de Vida

A menudo – y sobre todo después de un prolongado año plagado de incertidumbre y desconsuelo –, leemos sobre el hambre espiritual que aqueja a miles de hombres y mujeres, de anhelos y necesidades profundas, y de las muchas maneras en que la búsqueda de aquello que sacie estos recónditos deseos suele llevar a estados de vacío y ansiedad. 

En las lecturas de este Domingo XVIII del tiempo durante el año, encontramos propósito y saciedad en abundancia. En el Evangelio, Jesús nos da una respuesta contundente, viva y real: “Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.    La realización de la promesa del Señor a Moisés (primera lectura), el «pan caído del cielo» se concretiza en Jesús: es Él mismo quien se ofrece, Cristo, el Pan de la Vida, Pan de Unidad, el trigo celestial (salmo) que nos transforma y, como nos dice San Pablo (segunda lectura), nos reviste del hombre nuevo.   
Jesús, se ofrece hoy como alimento en el Pan y el Vino, la Eucaristía, suscitando en a cada uno un ardiente deseo de participar del banquete de la Vida. Ante este signo, la mas valiosa y preciosa ofrenda, el Señor nos dice que vayamos a Él, que creamos en Quien lo ha enviado. Esta invitación a ir a Él, a conocerle cada día mas de cerca nos ayuda a creer, a renovar la profunda convicción que Aquel quien fue enviado por el Padre Celestial personifica la inmensa generosidad de Dios quien nunca deja de preocuparse para sus amados hijos. En la Eucaristía, se fortalece nuestra fe en que Él, el Amor encarnado, es el verdadero alimento de libertad para cada uno de nosotros y para todas las multitudes que aun hoy continúan buscando el Pan que calma el hambre espiritual, el hambre de dignidad, el hambre de justicia. 
Al creer y compartir el banquete de Jesús Eucaristía, somos invitados, e interpelados, a ser pan partido y repartido que manifieste su Presencia formando parte del gesto multiplicador de amor que Cristo, en su entrega, nos invita a conocer y llevar a cabo en actos concretos de solidaridad con todos nuestros hermanos.  

En esta semana, tengamos presente la entrega generosa de Jesús en la Eucaristía y pidamos que actúe en cada uno de nosotros para ser así signos concretos del amor infinito del Señor en el mundo.

Comunidad Católica Latina en Bangkok
Equipo de Liturgia

[Por eso] la multitud quiere saber de Jesús qué acciones debe hacer para contentar a Dios. Pero Jesús da una respuesta inesperada: «La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado» (v. 29). Estas palabras están dirigidas, hoy, también a nosotros: la obra de Dios no consisten tanto en el «hacer» cosas, sino en el «creer» en Aquel que Él ha mandado. Esto significa que la fe en Jesús nos permite cumplir las obras de Dios. Si nos dejamos implicar en esta relación de amor y de confianza con Jesús, seremos capaces de realizar buenas obras que perfumen a Evangelio, por el bien y las necesidades de los hermanos.

Papa Francisco
Ángelus, 5 de agosto 2018

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15
Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo

En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.»
Entonces el Señor dijo a Moisés: «Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley.
Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: “A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios.”»
Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrie- ron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los israelitas
se preguntaron unos a otros: «¿Qué es esto?» Porque no sabían lo que era.
Entonces Moisés les explicó: «Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento.»

Palabra del Señor

Salmo Responsorial 77, 3-4bc. 23-25. 54
R: El Señor les dio como alimento un trigo celestial

Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nos contaron nuestros padres,
lo narraremos a la próxima generación:
son las glorias del Señor y su poder. R

Mandó a las nubes en lo alto
y abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos el maná,
les dio como alimento un trigo celestial. R

Todos comieron un pan de ángeles,
les dio comida hasta saciarlos.
Los llevó hasta su Tierra santa,
hasta la Montaña que adquirió con su mano. R

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 17. 20-24
Revístanse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios

Hermanos:
Les digo y les recomiendo en nombre del Señor: no procedan como los paganos, que se dejan llevar por la frivolidad de sus pensamientos.
Pero no es eso lo que ustedes aprendieron de Cristo, si es que de veras oyeron predicar de él y fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús.
De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.

Palabra del Señor

Aleluya Mt 4, 4b
El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 24-35
El que viene a mi jamás tendrá hambre: el que cree en mí jamás tendrá sed

Gloria a Ti, Señor

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?»
Jesús les respondió:
«Les aseguro que ustedes me buscan,
no porque vieron signos,
sino porque han comido pan hasta saciarse.
Trabajen, no por el alimento perecedero,
sino por el que permanece hasta la Vida eterna,
el que les dará el Hijo del hombre;
porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello.»
Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?»
Jesús les respondió:
«La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado.»
Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura:
Les dio de comer el pan bajado del cielo.»
Jesús respondió:
«Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo;
mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.»
Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
Jesús les respondió:
«Yo soy el pan de Vida.
El que viene a mí jamás tendrá hambre;
el que cree en mí jamás tendrá sed.»

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Como cada fin de semana, les compartimos la reflexión de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para este Domingo: https://rezandovoy.org/reproductor/2021-07-30

~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas de esta semana

Primera Lectura ~ Éxodo 16, 2-4, 12-15

El Éxodo es el segundo de los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, conocido como el Pentateuco o Torá. El Éxodo mismo se centra en el rescate de los israelitas del cautiverio en Egipto y en la realización del gran pacto, o acuerdo con Dios, en el monte Sinaí.

Dos meses después de la división del Mar Rojo, la gente se queja mientras viaja por el desierto del Sinaí. Aunque ahora son libres, como esclavos que vivían bajo restricciones, se les daba de comer y beber. En el desierto se enfrentan a peligros reales: sed (Éxodo 15), y ahora hambre. En el siguiente capítulo tendrán que luchar contra los ataques de los amalecitas.

Sin embargo, Dios se preocupa y escucha a su pueblo, y hoy les proporciona una bandada de codornices para comer. Las codornices son pequeñas aves migratorias, de unas 7-8 pulgadas de largo y de color marrón, con vetas amarillentas. Vuelan en grandes grupos desde África y generalmente se pueden ver sobre Palestina en marzo-abril. Un cambio en la dirección del viento los había hecho aterrizar exhaustos en el Sinaí, por lo que podían ser atrapados fácilmente.

A la mañana siguiente, Dios envía pan a los israelitas para que coman. Lo llaman maná, que significa ‘¿Qué es esto?’ en hebreo. Generalmente se piensa que el maná son excreciones similares a la miel de insectos que se alimentan de los árboles de tamarisco. Cuando cae de las hojas se vuelve casi sólido, pero con el calor del día se derrite, por eso hay que recogerlo por la mañana. Contiene glucosa y fructosa. Es poco probable que hubiera habido suficiente para alimentar a todos, pero lo que se dice aquí es que Dios se preocupa por su pueblo, los escucha y los desafía a que depositen su confianza en Él.

La recolección de las codornices y el maná involucra a toda la comunidad. Necesitan cooperar y, a través de esta acción, fortalecen sus vínculos como Pueblo de Dios. En el Evangelio de hoy, San Juan habla de este maná como precursor de la Eucaristía.

Evangelio ~ Juan 6, 24-25

Como suele suceder en el Evangelio de San Juan, un largo discurso teológico sigue uno de los «signos» hechos por Jesús: en este caso la Alimentación de los 5000, que leímos la semana pasada. Los versículos anteriores a nuestro pasaje hablan de Jesús caminando sobre el agua. La multitud no fue testigo de esto; de ahí su primera pregunta: «¿Cuándo viniste aquí?».


Jesús y la multitud con propósitos cruzados
A lo largo del texto, la gente parece tener propósitos contradictorios. Las respuestas de Jesús no corresponden a las preguntas que la gente hace (ver también más abajo). Parece haber mucha confusión. Por ejemplo, en respuesta a su primera pregunta: «¿Cuándo viniste?», Les dice que trabajen por comida duradera. Más tarde preguntan: «¿Qué debemos hacer si queremos hacer las obras que Dios quiere?», Y Jesús responde: «Debes creer en el que Él ha enviado».

¿Qué signos harás?
A pesar de que han visto a Jesús alimentando a tantos, la gente todavía pide una «señal» para impulsar su fe. Se remontan a los acontecimientos del pasado, la alimentación de los israelitas en el desierto, pero la respuesta de Jesús se refiere al aquí y ahora. «Es mi padre quien les da el pan del cielo … da vida al mundo … Yo soy el pan de vida».
Todo el tiempo, Jesús busca redirigir el enfoque de la multitud hacia el punto principal: Él es el pan bajado del cielo.

El pan de vida y el agua viva del pozo
Se pueden ver varios paralelos entre este episodio y la mujer samaritana junto al pozo (Juan 4, 7-26). Así como todo el intercambio entre Jesús y la mujer no se trata realmente de que el agua apague nuestra sed, el enfoque aquí no se trata realmente del pan necesario para alimentar el cuerpo. La mujer pregunta: «Dame esta agua», mientras que aquí la multitud suplica «Danos ese pan siempre». Así como Jesús le responde a la mujer: «El que bebe del agua que yo le daré, nunca tendrá sed», en este pasaje es aún más explícito: «El que a mí viene, nunca tendrá hambre; el que cree en mí no tendrá sed jamás «.

fuente: https://stbeunosoutreach.files.wordpress.com/2021/06/prego-plus-18th-sunday-otb-2021.pdf

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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