«Yo soy el buen pastor… Conozco a mis ovejas y las mías me conocen».
Las lecturas de hoy nos invitan a contemplar la tierna imagen de Cristo como el Buen Pastor, que guía, protege y cuida de su rebaño. Su relación con las ovejas es de confianza, reconocimiento y pertenencia, donde las ovejas siguen únicamente a su pastor, aquel que las conoce personalmente y las llama por su nombre.
En el Evangelio, Jesús se revela como la puerta del redil por donde entran las ovejas. Advierte a quienes lo escuchan sobre las voces de extraños que se aprovechan de los vulnerables y débiles, llevando a la confusión y al miedo en lugar de la vida que Jesús ofrece.
La segunda lectura nos exhorta a seguir el ejemplo de Cristo y a soportar las dificultades con paciencia, confiando en Dios. Incluso cuando nos extraviamos y perdemos el camino, podemos regresar a la seguridad del Señor, nuestro pastor.
El conocido Salmo nos dice que el Señor siempre cuida de nosotros y nos protege, guiándonos a un lugar seguro.
Pedro llama a todos a apartarse del pecado y a ser bautizados en el nombre de Jesús (Primera Lectura). El don del Espíritu Santo es para todo aquel a quien el Señor ha llamado.
Hoy, también, se celebra el Domingo de las Vocaciones. Al reflexionar sobre cómo responde cada uno a la voz del Buen Pastor, oramos para que Dios nos conceda la gracia de responder a su invitación, confiando siempre en su amorosa protección y guía en medio de las dificultades. (*)

Queridos jóvenes, les dirijo esta invitación especialmente a ustedes, porque son los hijos amados de la tierra de África. Como hermanos y hermanas de Jesús, multipliquen sus talentos con la fe, la tenacidad y la amistad que los animan. Vayan entre los primeros a ser rostros y manos que llevan al prójimo el pan de la vida; alimento de sabiduría y de liberación de todo aquello que no nos nutre, sino que confunde nuestros buenos deseos y nos roba la dignidad. Incluso en su país tan fértil, Camerún, muchos sufren la pobreza, tanto material como espiritual. No cedan a la desconfianza y al desánimo; rechacen toda forma de abuso y violencia, que engañan prometiendo ganancias fáciles, pero endurecen el corazón y lo vuelven insensible. No olviden que su pueblo es aún más rico que esta tierra, pues su tesoro son sus valores: la fe, la familia, la hospitalidad, el trabajo. Sean, pues, protagonistas del futuro, siguiendo la vocación que Dios da a cada uno, sin dejarse comprar por tentaciones que malgastan las energías y no contribuyen al progreso de la sociedad.
Papa León XIV
Homilía, Douala (Japoma Stadium)
Viaje Pastoral a Argelia, Camerún,
Angola y Guinea Ecuatrorial
17 abril 2026
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-41
Dios lo ha hecho Señor y Mesías
El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
«Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»
Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 22, 1-6
R: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R
Me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R
Lectura de la carta del Apóstol san Pedro 2, 20b-25
Ustedes han vuelto a nuestro Pastor y Guardián
Queridos hermanos:
Si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios.
A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. Él no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. Él llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados. Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.
Palabra del Señor
Aleluya Jn 10, 14
«Yo soy el Buen Pastor:
conozco mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí»,
dice el Señor
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 1-10
Yo soy la puerta de las ovejas
Gloria a Tí, Señor
Jesús dijo a los fariseos:
«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.» Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió:
«Les aseguro
que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido
antes de mí son ladrones y asaltantes,
pero las ovejas no los
han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará;
podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir.
Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida,
y la tengan en abundancia.»
Palabra del Señor
Gloria a Tí, Señor Jesús
Continuamos viviendo la alegría pascual, unidos en oración y meditando juntos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para este Domingo: https://www.rezandovoy.org/reproductor/2026-04-26
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas para este Domingo
Domingo del Buen Pastor
El cuarto domingo de Pascua se conoce siempre como el Domingo del Buen Pastor, porque en cada año del ciclo litúrgico, el Evangelio se toma siempre del capítulo 10 de San Juan, donde Jesús se presenta como el Buen Pastor. En los versículos 1-10 (Año A), Jesús se describe a sí mismo como «la puerta del redil»; en los versículos 11-18 (Año B), es «el buen pastor que da su vida por sus ovejas»; y en los versículos 27-30 (Año C), habla de dar vida eterna a las ovejas que le pertenecen.
Salmo 22 (23)
Este es un salmo de confianza dividido en dos secciones distintas, centrándose en Dios como Pastor
y Dios como Huésped. La imagen de Dios como pastor se encuentra a lo largo de la Biblia (como, por ejemplo, en Isaías 40, 11, Ezequiel 34, 15-31, Miqueas 7, 14). Es una idea familiar para quienes viven en entornos rurales y seminómadas. La vara (o cayado) y el cayado son herramientas cotidianas para proteger al rebaño y ahuyentar a los atacantes. Los reyes también se asocian con la imagen del pastor que guía a su rebaño. David, hijo de Jesé, el joven pastor, fue ungido rey por Samuel.
Jesús mismo se identificó con esta imagen: «Yo soy el buen pastor» (Juan 10, 11). La imagen de Dios como anfitrión también era poderosa. En la antigüedad, la gente tenía un gran sentido de la hospitalidad. Ser huésped de alguien garantizaba protección contra los enemigos. Dios es el anfitrión perfecto.
El salmo también presenta un cambio de tono. El salmista primero habla del Señor, pero luego, de forma más íntima, se dirige a Dios directamente: «Tú estás conmigo…; tú has preparado…».
Los primeros cristianos solían usar este salmo durante los sacramentos de iniciación, tomando como referencia el agua que reanimaba a los espíritus decaídos en el bautismo, la unción con aceite en la confirmación y el banquete de la primera Eucaristía.
Evangelio ~ Jn 10, 1-10
La parábola de Jesús el Buen Pastor
Esta historia es la única parábola en el Evangelio de Juan. (El evangelista suele
utilizar discursos o signos simbólicos). Una parábola, māsāl en hebreo, también puede
significar proverbio o acertijo. Algunos estudiosos ven dos parábolas distintas en
los versículos 1-5; los versículos 1-3a muestran enfoques contrastantes hacia las ovejas,
mientras que los versículos 3b-5 se centran en la relación entre las ovejas y
el pastor.
También se debate por qué esta sección del Evangelio de Juan sigue inmediatamente a la historia del «hombre ciego de nacimiento». Se cree que es una continuación del relato de Juan sobre el enfrentamiento entre Jesús y las autoridades injustas. Aquí, el amor y la preocupación de Jesús por sus ovejas destacan en marcado contraste con la actitud prepotente de los fariseos.
Pastores en Judea
La mayor parte de Judea es una meseta central que se extiende desde Betel hasta Hebrón, una distancia de aproximadamente 56 kilómetros, con un ancho que varía entre 22 y 27 kilómetros.
El terreno era mayormente accidentado y pedregoso. Judea era mucho más pastoril que agrícola. Por eso, la figura del pastor aparece a lo largo de la Biblia: la figura más familiar de las tierras altas de Judea es el pastor. En Palestina no había perros pastores, pues las ovejas conocían y solo obedecían la voz de su pastor.
Las ovejas se criaban principalmente por su lana y leche, más que por su carne,
por lo que a menudo permanecían con el pastor durante algunos años.
Al final del día, cuando las ovejas se reunían en el redil, el pastor sostenía su vara a través de la entrada, muy cerca del suelo, y cada oveja debía pasar por debajo. Al pasar bajo la vara, el
pastor examinaba a cada una para ver si había sufrido alguna herida durante el día.
«Yo soy la puerta de las ovejas»
Jesús se refiere a dos tipos diferentes de rediles. En los meses de invierno, las ovejas se guardaban en rediles comunitarios en los pueblos y ciudades. Estaban protegidas por una puerta robusta cuya llave tenía el guardián. Él era el portero que dejaba entrar a los pastores.
En los meses más cálidos, las ovejas se reunían en rediles en las laderas, espacios abiertos rodeados por un muro bajo. Había una abertura, pero no una puerta.
Por la noche, el pastor se acostaba sobre la abertura: él era, literalmente, «la puerta».
(*) fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/



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