La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular
Mientras continuamos viviendo la alegría de la Pascua, las lecturas de esta semana nos muestran a los nuevos cristianos intentando organizar su comunidad. Tras la ferviente oración y el discernimiento, resuelven la disputa entre hebreos y helenistas y nombran a siete líderes. (Primera Lectura)
El Salmo celebra con cánticos la palabra del Señor, misericordioso y amante de la justicia y el derecho.
La Segunda Lectura busca darnos consuelo. Somos un pueblo elegido, un sacerdocio real y una nación santa. Cristo es la piedra angular del edificio, y todos los cristianos, sus piedras vivas.
El pasaje del Evangelio proviene del discurso de la Última Cena, donde Jesús prepara a sus amigos para su partida. A Tomás y Felipe les cuesta seguir sus palabras, pero nunca estarán solos, porque Jesús estará con ellos. Él es el camino, la verdad y la vida.
Esta semana, oramos por todos aquellos que no pueden aceptar a Jesús como la piedra angular de sus vida. En los próximos días en nuestro diario vivir, podríamos usar la respuesta al salmo: «Que tu misericordia esté sobre mí, pues en ti espero, oh Señor». (*)

Hoy estoy aquí para decirles algo muy sencillo: ninguno está excluido del amor de Dios. Cada uno de nosotros, con su historia, sus errores y sus sufrimientos, sigue siendo valioso a los ojos del Señor. Podemos decirlo con certeza, porque Jesús nos ha revelado esto en cada encuentro, en cada gesto y en cada palabra. Incluso cuando fue arrestado, condenado y llevado a la muerte sin culpa alguna, nos amó hasta el extremo, demostrando que cree en la posibilidad de que el amor transforme incluso el corazón más endurecido.
Papa León XIV
Visita a la Prisión de Bata (Guinea Ecuatorial)
22 abril 2026
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo
En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra».
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.
Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 32, 1-2. 4-5. 18-19
R. Señor, que descienda tu amor sobre nosotros
Aclamen, justos al Señor
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 2, 4-10
Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Queridos hermanos:
Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.
Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.
Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.
Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz: ustedes, que antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios; ustedes, que antes no habían obtenido misericordia, ahora la han alcanzado.
Palabra del Señor
Aleluia Jn 14,6
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí», dice el Señor.
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-12
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida
Gloria a Ti, Señor
Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy». Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?». Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta». Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.»
Palabra del Señor
Gloria a Ti, Señor Jesús
Con la alegría del Resucitado ardiendo en nuestros corazones, nos unimos en oración para meditar juntos la reflexión de RezandoVoy, un proyecto de los Jesuitas de España: https://rezandovoy.org/reproductor/2026-05-03
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas para este Domingo
Segunda Lectura ~ 1Pe 2, 4-9

Durante las últimas cinco semanas, hemos estado leyendo y orando la Primera Carta de Pedro. Estaba dirigida a los cristianos gentiles que vivían en diferentes partes de Asia Menor para consolarlos y fortalecerlos mientras se enfrentaban a la oposición y las pruebas en un entorno cultural hostil.
Sus dificultades provenían tanto de los judíos tradicionales como de las presiones civiles
de un gobierno que había llegado a tolerar al pueblo judío, pero que no podía aceptar a un nuevo grupo religioso.
Los estudiosos están divididos en cuanto a la autoría de esta carta. Fue escrita después de la muerte de Pedro, por alguien que usó su nombre en homenaje al gran apóstol —una práctica común en la época— o por Silvano (véase 1 Pedro 5, 12), compañero de Pablo, que actuó como su secretario.
En cualquier caso, la Iglesia reconoce en esta carta un documento de inspiración que celebra nuestra herencia cristiana.
El tema principal de la carta es la reflexión sobre la naturaleza de la vida cristiana y la mejor manera en que los cristianos deben comportarse en medio de la persecución y el abuso de sus vecinos paganos.
En este pasaje, la imagen principal es la de las piedras. Puede que haya evocado en sus lectores la destrucción del Templo de Jerusalén y las grandes piedras de los pilares esparcidas por el suelo.
Para nosotros, también, existe una asociación inmediata: la Iglesia, no es solo un edificio de piedra. Es un espacio espiritual, una «casa espiritual», con Jesucristo como su base o «piedra angular». Cada cristiano es una «piedra viva», vivificada por su bautismo. La imagen de la piedra es inclusiva: las rocas vienen en todo tipo de formas y tamaños, colores, resistencias o fragilidad, por lo que nos representan a todos. El énfasis en una sola raza, sacerdocio y nación unifica a los diferentes grupos de gentiles a quienes se dirige esta carta.
Su lealtad al Señor trasciende sus diferencias. Los incrédulos que tropiezan con las piedras y permanecen en la oscuridad, son probablemente los judíos que no han aceptado a Cristo.
La comunidad de los primeros cristianos a la que esta carta busca consolar ha sido «llamada a su luz admirable».
Evangelio ~ Jn 14, 1-12
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida
Este pasaje pertenece a los discursos de despedida de Jesús. El mundo antiguo prestaba gran atención a las últimas palabras de las personas. En ellas se enfatizan las cosas más importantes que debemos recordar de quien está cerca de la muerte, y también miran hacia el futuro. En el Antiguo Testamento, las encontramos cuando Jacob bendice a sus hijos (Génesis 49); antes de la muerte de Moisés (Deuteronomio 32); y en la despedida del rey David a su hijo Salomón (1 Reyes 2).
No se inquieten, confíen en Dios
Jesús tranquiliza a sus discípulos. La manera de reducir la preocupación es confiar en Dios y tener fe. Juan escribe para los cristianos del siglo I, que a menudo eran perseguidos.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones
Los estudiosos suelen entender la «casa del Padre» como sinónimo de cielo, aunque otros se centran en el significado más genérico de casa, es decir, no un edificio, sino un grupo de personas que pertenecen a una familia extensa. Lo ven como un símbolo de la relación íntima entre Dios Padre y Jesús, de la cual todos podemos participar. Quien está con Dios está en su «casa», y hay lugar para todos.
La Última Cena tiene lugar la noche anterior a la Pascua y el lenguaje recuerda al discurso de Moisés a las tribus de Israel en la tierra de Moab, al otro lado del Jordán (Deuteronomio 1, 29, 33).
Yo soy el camino, la verdad y la vida
Las anteriores declaraciones de «Yo soy» en el Evangelio de Juan (4, 26; 6, 20) muestran claros paralelismos con las fórmulas de revelación del Antiguo Testamento (Éxodo 3, 6, 14 y 20:2). Aquí,
Jesús profundiza y ofrece una explicación más completa de quién es.
El Camino
Esto puede interpretarse como un camino o sendero, pero también como un medio para llegar a
algún lugar. Si Jesús es el Camino, «conocer el camino» es conocer a Jesús y, a través de él, conocer al Padre. No hay intermediarios. También es posible que el Camino se utilice en oposición a la Ley, que los judíos creían que era el único camino hacia Dios.
Felipe: «Señor, muéstranos al Padre»
Los judíos creían que no se podía ver el rostro de Dios y vivir (Éxodo 33, 18-23), por lo que la petición de Felipe es realmente asombrosa. También lo es la respuesta de Jesús, que también remite al prólogo de Juan: «Jesús es la Palabra de Dios, hecha carne, que habita entre nosotros».
Jesús no solo se dirige a Felipe, sino también a todos los discípulos y, a nosotros.
En traducciones a idiomas como, por ejemplo, el inglés, es difícil distinguir entre el «tú» (en referencia a una persona) y el «ustedes» (en referencia a un grupo de personas). Las diferentes formas de «tú» se entrelazan a lo largo de su respuesta.



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