Lecturas del Domingo V del Tiempo de Pascua (B)

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí,
y Yo en él, da mucho fruto»

Las lecturas de hoy nos recuerdan que cuando, como San Pablo, «creemos en el nombre de Jesucristo», aceptamos la relación íntima a la que Dios nos invita. Nos convertimos en sarmientos de la vid verdadera, Jesucristo.

El Evangelio muestra la intimidad asombrosa que ofrece Jesús a través de la maravillosa imagen de la vid y los sarmientos. Teniendo a Jesús, la vid verdadera, viviendo en nuestro corazón, nosotros, como sus discípulos, los sarmientos, daremos fruto; separados de Jesús, no podemos hacer nada en absoluto. Jesús revela a su Padre como el viñador, que nos atiende con amor y, a veces, nos poda para que produzcamos más frutos.

En la segunda lectura, Juan nos recuerda que al creer en Jesucristo y amarnos unos a otros, estamos haciendo lo que Dios quiere y que Dios vive en nosotros a través del don del Espíritu Santo. También nos asegura que no tenemos nada que temer en la presencia amorosa de Dios. Tenemos una indicación del fruto del que habla Jesús cuando Juan nos dice que nuestro amor necesita «no ser solo palabras o meras palabras, sino algo real y activo».

Vemos un ejemplo de esto en la primera lectura, donde Saulo demuestra su amor por Jesús predicando sobre él a la comunidad. Los apóstoles llegan a aceptarlo y las iglesias locales comienzan a echar raíces y crecer, extrayendo ahora de una nueva fuente de vida: el Espíritu Santo.

El Salmo, parte del cual escuchamos el Domingo de Ramos, y que Jesús oró en la cruz, cierra hoy con palabras del amor, la generosidad y la fidelidad del Señor. Todos estamos invitados a adorarlo y servirlo.

Durante la semana, podríamos reflexionar sobre la relación que Dios anhela tener con cada uno de sus hijos y el fruto que nos ayuda a dar.

fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/2021/04/23/fifth-sunday-of-easter-year-b-2-may-2021/

Cuando se es íntimo con el Señor, como son íntimos y unidos entre sí la vid y los sarmientos, se es capaz de dar frutos de vida nueva, de misericordia, de justicia y de paz, que derivan de la Resurrección del Señor. Es lo que hicieron los Santos, aquellos que vivieron en plenitud la vida cristiana y el testimonio de la caridad, porque eran verdaderos sarmientos de la vid del Señor. Pero para ser santos “no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos” […]Todos nosotros, todos, estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra.» (Gaudete Exsultate, 14).

Papa Francisco
Regina Coeli, 29 de abril 2018

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 9, 26-31
Bernabé les contó en que forma Saulo había visto al Señor en el camino

En aquellos días:
Cuando Saulo llegó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían desconfianza porque no creían que también él fuera un verdadero discípulo. Entonces Bernabé, haciéndose cargo de él, lo llevó hasta donde se encontraban los Apóstoles, y les contó en qué forma Saulo había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado, y con cuánta valentía había predicado en Damasco en el nombre de Jesús. Desde ese momento, empezó a convivir con los discípulos en Jerusalén y predicaba decididamente en el nombre del Señor.
Hablaba también con los judíos de lengua griega y discutía con ellos, pero estos tramaban su muerte. Sus hermanos, al enterarse, lo condujeron a Cesarea y de allí lo enviaron a Tarso.
La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo.

Palabra del Señor

Salmo Responsorial 21, 26b-28. 30-32
R: Te alabaré, Señor, en la gran asamblea

Cumpliré mis votos delante de los fieles:
los pobres comerán hasta saciarse
y los que buscan al Señor lo alabarán.
¡Que sus corazones vivan para siempre! R

Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia. R

Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante Él. R

Mi alma vivirá para el Señor,
y mis descendientes lo servirán.
Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor. R

Lectura de la primera carta de san Juan 3, 18-24
Su mandamiento es éste: que creamos y nos amemos

Hijitos míos,
no amemos con la lengua y de palabra,
sino con obras y de verdad.
En esto conoceremos que somos de la verdad,
y estaremos tranquilos delante de Dios
aunque nuestra conciencia nos reproche algo,
porque Dios es más grande que nuestra conciencia
y conoce todas las cosas.
Queridos míos,
si nuestro corazón no nos hace ningún reproche,
podemos acercarnos a Dios con plena confianza,
y él nos concederá todo cuanto le pidamos,
porque cumplimos sus mandamientos
y hacemos lo que le agrada.
Su mandamiento es este:
que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo,
y nos amemos los unos a los otros como él nos ordenó.
El que cumple sus mandamientos permanece en Dios,
y Dios permanece en él;
y sabemos que él permanece en nosotros,
por el Espíritu que nos ha dado.

Palabra del Señor

Aleluya Jn 15, 4a. 5b
Permanezcan en mí,
como Yo permanezco en ustedes.
El que permanece en mí da mucho fruto.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 1-8
El que permanece en mí, y Yo en el, da mucho fruto

Gloria a Ti, Señor

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:
Yo soy la verdadera vid
y mi Padre es el viñador.
Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto;
al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
Ustedes ya están limpios
por la palabra que yo les anuncié.
Permanezcan en mí,
como yo permanezco en ustedes.
Así como el sarmiento no puede dar fruto
si no permanece en la vid,
tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid,
ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí, y yo en él,
da mucho fruto,
porque separados de mí, nada pueden hacer.
Pero el que no permanece en mí,
es como el sarmiento que se tira y se seca;
después se recoge, se arroja al fuego y arde.
Si ustedes permanecen en mí
y mis palabras permanecen en ustedes,
pidan lo que quieran y lo obtendrán.
La gloria de mi Padre consiste
en que ustedes den fruto abundante,
y así sean mis discípulos.

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Les compartimos la reflexión de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para este Domingo: https://rezandovoy.org/reproductor/oracion/2021-05-02

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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