La venida del Espíritu Santo: Domingo de Pentecostés (A)

Pentecostés, tomado como el cumpleaños de la Iglesia Cristiana, es la culminación del tiempo pascual. Es el día en que celebramos el don del Espíritu Santo y el comienzo de la misión de la Iglesia al mundo: una misión para acercar a las personas a Dios. Escuchamos esto en el Evangelio cuando Jesús resucitado viene a los discípulos encerrados y embargados por el miedo y les trae Su paz. Les muestra sus heridas, alentándolos a creer que efectivamente ha resucitado de entre los muertos, y los envía.
En la primera lectura, los discípulos reciben el don del Espíritu Santo, que les da coraje y la habilidad de hablar diferentes idiomas. Ahora pueden llegar a todas las naciones y contarles a los pueblos acerca de Dios.
El Salmo alaba la grandeza de Dios, celebrando todas las riquezas y bondades que el Espíritu da libremente para «renovar la faz de la tierra».
La segunda lectura habla de los dones que el Espíritu de Dios nos da a cada uno de nosotros. Trabajando juntos de diferentes maneras hacia un objetivo común, Pablo nos compara con un cuerpo humano, cada parte trabajando para el bienestar del todo.
Al celebrar Pentecostés y el cumpleaños de la Iglesia, los invitamos a reflexionar sobre el papel, que en particular, Dios tiene para cada uno de nosotros. Esta semana, podríamos meditar sobre la contribución que cada uno puede hacer a la misión de la Iglesia y a todos los que nos rodean.

fuente: https://stbeunosoutreach.files.wordpress.com/2020/04/prego-pentecost-year-a-2020.pdf

El Espíritu libera los corazones cerrados por el miedo. Vence las resistencias. A quien se conforma con medias tintas, le ofrece ímpetus de entrega. Ensancha los corazones estrechos. Anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad. Hace caminar al que se cree que ya ha llegado. Hace soñar al que cae en tibieza. He aquí el cambio del corazón. 

Papa Francisco,
Santa Misa de la Solemnidad de Pentecostés
20 de mayo 2018

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.  Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.  
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.  Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían:
«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?  Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,  en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,  judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».

Palabra del Señor

Salmo Responsorial 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34
R: Señor, envía tu Espíritu
y renueva la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: 
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor,
la tierra está llena de tus criaturas! R

Si les quitas el aliento, 
expiran y vuelven al polvo. 
Si envías tu aliento, son creados, 
y renuevas la superficie de la tierra. R

 ¡Gloria al Señor para siempre, 
alégrese el Señor por sus obras!
Que mi canto le sea agradable, 
y yo me alegraré en el Señor. R

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 12, 3b-7. 12-13
Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor.  Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.  En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

Palabra del Señor

Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma
suave alivio de los hombres.

Tú eres descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente. 

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas. 

Suaviza nuestra dureza,
elimina nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles,
que confían en tí,
tus siete sagrados dones.

Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos tu eterna alegría.
Amén, aleluia, aleluia.


Aleluia
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según
Mi carne es verdadera comida y mi sangre la verdadera bebida

Gloria a Ti, Señor

Jesús dijo a los judíos:

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».  Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».  Jesús les respondió:«Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.  Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.  Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.  Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Los invitamos a escuchar la reflexión de RezandoVoy, un proyecto de los Jesuitas de España: https://rezandovoy.org/reproductor/oracion/2020-05-31

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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