Lecturas del Domingo VI de Pascua (A)

Habla con alegría … ¡el Señor ha liberado a su pueblo!
Si bien somos conscientes del trauma real con el que muchos continúan luchando hoy, hay una sensación de alegría en las lecturas de esta semana. Oímos que surge de los maravillosos hechos de los apóstoles (primera lectura de hoy), y también en el Salmo, un himno que se regocija por las grandes cosas que el Señor ha hecho por su pueblo.
Del mismo modo, tenemos una muestra de este gozo en la promesa del Evangelio: el Espíritu nos será dado, y el Señor estará en nosotros y nosotros en el Señor.
Incluso los sufrimientos infligidos a los seguidores de Cristo (segunda lectura) no logran disminuir su gratitud al Señor. Esto estaba ligado a la esperanza de la resurrección que les dio, como nos lo da hoy, la razón para respetarnos unos a otros y reverenciar al Señor.
Esta semana, recemos para que las pruebas que hemos enfrentado en los últimos meses, y los sufrimientos que continuamos soportando, no frenen la vida del Espíritu en nosotros. En todas las cosas, podemos hablar con alegría de las cosas buenas que el Señor ha hecho y continúa haciendo en nuestras vidas.

fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/2020/05/08/sixth-sunday-of-easter-year-a-17th-may-2020/

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17
Les impusieron las manos y recibieron al Espíritu Santo

En aquellos días:
Felipe descendió a la ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo.  Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe.  Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados.  Y fue grande la alegría de aquella ciudad.
Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.  Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.  Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.

Palabra del Señor

Salmo Responsorial 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20
R: ¡Aclame al Señor toda la tierra!

¡Aclame al Señor toda la tierra! 
¡Canten la gloria de su Nombre! 
Tribútenle una alabanza gloriosa, 
digan al Señor: “¡Qué admirables son tus obras!”. R

Toda la tierra se postra ante ti, 
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre. 
Vengan a ver las obras del Señor, 
las cosas admirables que hizo por los hombres. R

Él convirtió el Mar en tierra firme, 
a pie atravesaron el Río. 
Por eso, alegrémonos en él, 
que gobierna eternamente con su fuerza. R

Los que temen al Señor, vengan a escuchar, 
yo les contaré lo que hizo por mí:
Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración 
ni apartó de mí su misericordia. R

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 3, 15-18
Entregado a la muerte de su carne, fue vivificado en el Espíritu

Queridos hermanos:
Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen.  Pero háganlo con delicadeza y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán de sus calumnias los que difaman el buen comportamiento de ustedes como creyentes en Cristo.  Es preferible sufrir por hacer el bien, si esta es la voluntad de Dios, que por hacer el mal. 
Cristo murió una vez por nuestros pecados –siendo justo, padeció por los injustos– para llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu.

Palabra del Señor

Aleluia Jn 14, 23
«El que me ama será fiel a mi palabra, 
y mi Padre lo amará e iremos a él», dice el Señor.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según
Mi carne es verdadera comida y mi sangre la verdadera bebida

Gloria a Ti, Señor

Jesús dijo a los judíos:

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».  Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».  Jesús les respondió:«Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.  Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.  Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.  Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Te invitamos a escuchar la reflexión de RezandoVoy, un proyecto de los Jesuitas de España: http://rezandovoy.org/reproductor/oracion/2020-05-17

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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