Triduo Pascual: Jueves Santo 2020

Hoy comenzamos el Santo Triduo, tres días muy especiales en los que reflexionamos sobre los últimos momentos de Cristo en la tierra. Así que me aseguro de ser lo más receptivo posible para acompañarlo mientras camina libremente hacia la cruz.
Me instalo en el lugar donde me gusta rezar, quizás rodeado de mis objetos favoritos. Respiro hondo Para ayudar a liberar mi mente de las preocupaciones cotidianas, me gustaría repetir, lentamente, algunas palabras familiares del Salmo 33 (34): «Prueba y ve que el Señor es bueno».
Tradicionalmente, el Jueves Santo es el día en que rezamos la institución de la Eucaristía durante la última cena de Jesús. El texto es muy familiar, y puede ayudar si me detengo después de cada frase y paso algún tiempo mirando la imagen que tengo enfrente. ¿Qué me llama la atención? ¿Dónde descansa mi mirada?
Me tomo mi tiempo para hacerlo. Quizás inicialmente, eso es todo lo que hago.
Más tarde, vuelvo a mi oración y reflexiono un poco más.
Quizás quiera imaginar que estoy con los discípulos y Jesús se dispone a lavar mis pies. Puede que, como Pedro, diga: «¿Tú, Señor, me va a lavar los pies a mí?» . Y la respuesta amorosa del Señor me interpela, ¿qué es lo que comprendo o no de su gesto de servicio? ¿qué suerte me llama a compartir? ¿cómo me siento?.
En este día en que comenzamos el Triduo Pascual, Jesús nos invita a meditar sobre el mandamiento «nuevo» que nos dejó, el mandamiento del amor dado libremente que se traduce en acción urgente, el mandamiento del servicio que sale de un corazón que se ofrece sin esperar nada a cambio; el mandamiento desde, en y para el Amor: incondicional, eterno y trascendental. El Amor que todo lo abarca, que todo lo transforma.

fuente: https://stbeunosoutreach.files.wordpress.com/2020/03/holy-week-2020-online-version.pdf

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14 
Prescripciones sobre la Cena Pascual

El Señor dijo a Moisés y a Aarón en el tierra de Egipto: “Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año.  Digan a toda la comunidad de Israel: “El diez de este mes, consígase cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.  
Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva mas cerca de su casa.  
En la elección del animal tengan en cuenta, además del numero de comensales, lo que cada uno come habitualmente.  Elijan un animal  sin ningún defecto, macho y de una año; podrá ser cordero o cabrito.  Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. 
Después tomarán un poco de su sangre y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde se coman. Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.  
Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano.  Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.  Esa noche Yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. 
La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, Yo pasare de largo, y así ustedes se libraran del golpe del Exterminador, cuando Yo castigue al país de Egipto.  
Éste será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor al Señor.  Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua”.

Palabra de Dios      

Salmo Responsorial – 115 
R:  “El cáliz que bendecimos  es la comunión de la  Sangre de Cristo“

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocare el nombre del Señor. R

¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.  R

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocare el nombre del Señor. 
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su Pueblo. R

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 11, 23-26 
Siempre que coman este pan y beban este cáliz proclamaran la muerte del Señor 

Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo:
“Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes.  Hagan esto en memoria mía”.  De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre.  Siempre que la beban, háganlo en memoria mía”. Y así siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamaran la muerte del Señor hasta que Él vuelva.

Palabra de Dios    

Aclamación

«Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado», dice el Señor.

Jn 13, 34

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Juan 13, 1-15
Los amó hasta el fin

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, Èl, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que Èl había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.  Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, éste le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”.  Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás.”
“No, le dijo Pedro, ¡Tú jamás me lavarás los pies a mí!”  Jesús le respondió: “Si Yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”.
“Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”  Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse mas que los pies, porque está completamente limpio.  
Ustedes también están limpios, aunque no todos.”  Él sabia quien lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”. Después de haberles lavado los pies, se puso el manto y volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? 
Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy.  Si Yo, que soy el Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.  Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que Yo hice con ustedes”.

Palabra de Dios 
Gloria a Ti, Señor Jesús

Escucha la reflexión para este Jueves Santo de RezandoVoy, un proyecto de los Jesuitas de España: http://rezandovoy.org/reproductor/oracion/2020-04-09

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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