‘¡Vayan por todo el mundo!’
Hoy rezamos con los textos de la solemnidad de la Ascensión y pedimos al Señor una comprensión más profunda de este misterio de Cristo. A lo largo de las lecturas del tiempo pascual, hemos visto a los discípulos crecer y madurar en la fe; hoy es, quizás, el momento ideal para rezar por este don para cada uno de nosotros.
La Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles marca el final del ministerio terrenal de Jesús cuando regresa al Padre y promete enviar el Espíritu Santo.
El Salmo es una gozosa oración de alabanza y una aclamación de la victoria de Cristo. Él es Señor de todas las personas, del universo.
San Pablo describe el significado de la Ascensión: el Padre elevó a Jesús por encima de todos los poderes y lo hizo Señor de la creación. Los dones del Espíritu se dan para el bien de todos, para llevarnos a la plena madurez en Cristo.
En el Evangelio, Jesús asciende al cielo y continúa trabajando con sus discípulos mientras predican la Buena Nueva. Los signos confirman su mensaje.
Esta semana, nos unimos en oración por la oportunidad de proclamar la Buena Nueva a la mayor cantidad de personas posible. (*)

La ascensión completa la misión de Jesús en medio de nosotros. De hecho, si es por nosotros que Jesús bajó del cielo, también es por nosotros que asciende. Después de haber descendido en nuestra humanidad y haberla redimido —Dios, el Hijo de Dios, desciende y se hace hombre, toma nuestra humanidad y la redime— ahora asciende al cielo llevando consigo nuestra carne. Es el primer hombre que entra en el cielo, porque Jesús es hombre, verdadero hombre, es Dios, verdadero Dios; nuestra carne está en el cielo y esto nos da alegría. A la derecha del Padre se sienta ya un cuerpo humano, por primera vez, el cuerpo de Jesús, y en este misterio cada uno de nosotros contempla el propio destino futuro. No se trata de un abandono, Jesús permanece para siempre con los discípulos, con nosotros.
PAPA FRANCISCO
REGINA CAELI, 16 de mayo 2021
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
Lo vieron elevarse
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios.
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 46, 2-3. 6-9
R: El Señor asciende entre aclamaciones
Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R
El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey. R
El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado. R
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 1-13
La madurez que corresponde a la plenitud de Cristo
Hermanos,
Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido. Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz.
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.
Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido. Por eso dice la Escritura:
«Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres.»
Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra. El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo.
Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.
Palabra del Señor
Aleluya Mt 28, 19a. 20b
«Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.
Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo», dice el Señor
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 16, 15-20
Fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios
Gloria a Tí, Señor
Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.»
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.
Palabra del Señor
Gloria a Tí, Señor Jesús
Te invitamos a quedarnos unidos en oración, meditando juntos con la reflexión de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España: https://www.rezandovoy.org/reproductor/2024-05-12
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas para este Domingo
Segunda Lectura ~ Ef 4, 1-13
Éfeso, la ciudad-estado de los efesios, era un gran puerto marítimo en la costa occidental de Asia Menor donde el apóstol Pablo pasó tres años y que usó como base durante su tercer viaje misionero. Esta epístola fue escrita mientras el autor estaba en prisión y está dirigida a los cristianos que viven en comunidades de orígenes diversos, quienes habrán sido una minoría entre aquellos adoraban a muchas deidades diferentes.
Los capítulos 4 a 6 se ocupan de las aplicaciones prácticas de la vida cristiana, centrando la atención en la unidad cristiana. En una declaración séptuple que recuerda a la Oración diaria judía ‘Shemá’: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, Señor uno, (Deut. 6, 4), se destacan diferentes aspectos de esta unidad.
Un cuerpo: la comunidad visible de la que Cristo es la cabeza.
Un Espíritu, un Señor: que todos los cristianos reciben mediante el bautismo.
Una fe, un bautismo: están unidos por un cuerpo común de creencias, y su aceptación de la tradición de los apóstoles. Esto constituye el comienzo mismo de la Iglesia Primitiva como institución.
Un Dios y Padre de todos: Están unidos como hijos de un solo Padre. Dentro de esta unidad hay diferentes dones, que aquí corresponden a diferentes oficinas de la iglesia:
Los apóstoles y profetas son oficios del pasado, el fundamento de la Iglesia.
Evangelistas, pastores y maestros: roles que reflejan en gran medida la importante Tareas contemporáneas que los primeros cristianos tuvieron que realizar.
Los santos: en las cartas de Pablo, los santos son aquellos que han aceptado y adoran al Señor Jesucristo y que contribuye a la comunidad en una forma única. (A diferencia de aquellos «Santos» que han sido canonizados por el Iglesia después de su muerte.)
Evangelio ~ Mc 16, 15-20
Muchos teólogos creen que este pasaje, dado su vocabulario y su estilo, fue escrito por un autor diferente al resto del Evangelio. Marcos mismo, probablemente, lo terminó en el capítulo 16, 8 con las mujeres asustadas huyendo de la tumba vacía. Más tarde, se agregaron otras terminaciones, y éste el «final más largo» (16, 9-20) que leemos hoy, se considera con mayor frecuencia canónico. (Se conoce por fuentes del siglo II y fue aceptado como parte del Evangelio de Marcos por el Concilio de Trento (1545–63).)
‘Vayan por todo el mundo’
Esta es una versión más breve de la «Gran Comisión» en Mateo (28, 18– 20). Refleja el ministerio móvil de Jesús por toda Galilea, pero ahora amplía su alcance.
Arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas
Este tipo de actividad es típica de la Iglesia Primitiva (ver Hechos 2). El don de lenguas pueden entenderse no sólo como el discurso carismático del apóstol Pablo (por ejemplo, 1 Cor. 14), pero también puede significar hablar en diferentes idiomas, como sería necesario para predicar al mundo entero (Hechos 2, 4-11).
Está sentado a la derecha de Dios
El Cristo exaltado continuará apoyando a los discípulos en su proclamación de la buena nueva a través del Evangelio. Las señales, que acompañen su predicación, servirán para autenticar sus palabras. (*)
(*) fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/





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