El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que mora en nosotros, ¡aleluya!
En esta gran celebración de la venida del Espíritu Santo, las lecturas nos hablan de los dones de consuelo y paz, y la comisión de llevar la Buena Noticia a los discípulos.
La Primera Lectura describe cómo el Espíritu Santo llega en forma de lenguas de fuego, con el don de la comunicación.
El Salmo implora al Señor que envíe su Espíritu para la renovación de toda la tierra.
San Pablo, escribiendo a la iglesia de Corinto (Segunda Lectura), se centra en la unidad del Espíritu a través de la diversidad de dones.
Finalmente, San Juan (Evangelio) recuerda la aparición de Cristo resucitado a los discípulos en el Cenáculo. El don de la paz consoladora de Cristo los fortalece para la misión.
Oramos esta semana para que, como ellos, recibamos lo que el Señor quiere darnos y respondamos de la misma manera. (*)

Al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado: «yo estoy en mi Padre, y […] ustedes están en mí y yo en ustedes» (v. 20). Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor. De hecho, mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es «padre de la mentira» (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia.
Papa León XIV
Regina Caeli,
10 mayo 2026
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían:
«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34
R: Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor,
la tierra está llena de tus criaturas! R
Si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra. R
¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
Que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor. R
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 12, 3b-7. 12-13
Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Palabra del Señor
Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma
suave alivio de los hombres.
Tú eres descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,
elimina nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.
Concede a tus fieles,
que confían en tí,
tus siete sagrados dones.
Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos tu eterna alegría.
Amén, aleluia, aleluia.
Aleluia
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-23
Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes: Reciban el Espíritu Santo
Gloria a ti, Señor
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí,
yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió
«Reciban al Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan».
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús
En este Domingo de la Solemnidad de Pentecostés, pedimos la luz del Espíritu Santo y, unidos en oración y con la alegría del Resucitado en el corazón, meditamos juntos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España: https://rezandovoy.org/reproductor/2026-05-24
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas para esta
Solemnidad de Pentecostés

Segunda Lectura ~ 1Cor 12, 3b-7. 12-13
La población cosmopolita de Corinto provenía de todas partes del Imperio Romano. Era una ciudad próspera, famosa por su hermosa arquitectura y deportes, pero también por su libertinaje, donde «vivir como un corintio» era un eufemismo para referirse a una vida disoluta. La Primera Carta de Pablo a los Corintios nos ofrece una imagen vívida. En la lectura de hoy, Pablo responde a los mensajes que ha recibido de los corintios sobre las contiendas y la discordia entre los
miembros de la iglesia local.
Nadie puede decir «Jesús es el Señor» sino por el Espíritu Santo.
Una prueba de discernimiento: solo por medio del Espíritu podemos declarar verdaderamente a Jesús como nuestro Señor.
Hay variedad de dones, pero el mismo Espíritu
Por diferentes que sean nuestros dones, todos provienen de la misma fuente: el Espíritu Santo. Los corintios parecen haber aportado muchos dones a la Iglesia (véase la lista de dones en 1 Corintios 12, 8-10) y discutían cuáles eran los más importantes.
Sin embargo, la definición de don que da Pablo es más amplia que la nuestra.
Para él, los dones son todas las gracias concedidas a una persona que pueden usarse para el beneficio de la Iglesia: desde dones prácticos como la administración y la ayuda a los pobres, hasta milagros o hablar en lenguas.
A cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común…
Porque en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo.
Lo que importa para Pablo es que los dones sean un factor de unidad y no de división en la comunidad, y que se usen para fortalecer la fe cristiana.
Los dones no deben usarse para la glorificación personal, sino para el bien común.

Evangelio ~ Jn 15, 26-27; 16, 12-15
Pentecostés
Originalmente, Pentecostés era una festividad judía llamada la Fiesta de las Semanas, celebra el quincuagésimo día (de ahí ‘Pentecostés’) después del comienzo de la cosecha de grano. Era una fiesta mayor y muy popular, cuando los judíos vinían a Jerusalén de todo el mundo para celebrar.
La fiesta cristiana de Pentecostés
Se celebra cincuenta días después de la resurrección de Jesús. El relato de san lucas del primer ‘Pentecostés cristiano’ se describe en la primera lectura de hoy (ver nota anterior).
El pasaje del evangelio
Aquí leemos dos extractos del Discurso de despedida (Juan 14–17) donde Jesús anuncia el Espíritu Santo, a quien llama “el Abogado” y el ‘Espíritu de la verdad’. La venida del Espíritu no depende de nuestro poder para entender; por el contrario, la función del Espíritu es conducirnos a la verdad.
Él los guiará a la verdad completa.
Como en otras partes del Evangelio, «la verdad» es la creencia en Jesucristo como el que habla la palabra de Dios.
El Abogado, un Espíritu de Verdad
Este término pertenece al ordenamiento jurídico romano; significa una persona en un juicio quien argumenta un caso. La expresión ‘Espíritu de la Verdad’ se encuentra varias veces en el Evangelio de Juan (por ejemplo Juan 14, 17; 15, 26) y también en el Primera carta de Juan 4, 6. También se ha encontrado en varios otros documentos de la época, lo que ha llevado a los estudiosos a concluir que puede bien haber sido una expresión judía de la época.
El será mi testigo y tú también serás mi testigo.
El Espíritu Santo les dará a los testigos las palabras que necesitan. (Ver también Marcos 13, 11 y Lucas 12, 11–12: “No se preocupen por cómo se defenderán o lo que tengan que decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese mismo momento lo que deben decir.»
Él te lo dirá
La palabra griega para ‘tú’ es plural, por lo que Jesús no se dirige a un individuo, sino todos sus seguidores, incluyéndonos a nosotros. Lo que el Espíritu nos dirá (nótese que este verbo se usa tres veces en estos pocos versos) no será nada nuevo. El Espíritu no hablará ‘como de sí mismo’, pero glorificará a Jesús y nos dirá lo que el Padre ha dado a su Hijo.




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