Lecturas del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Lecturas del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

‘Todo está a punto. ¡Vengan a la boda!’

A medida que se acerca gradualmente el final del año litúrgico, las lecturas comienzan a centrarse en el reino de los cielos y la era más allá del fin de los tiempos.
Esta semana, tanto la Primera Lectura como el Evangelio nos invitan a pensar en compartir la gran fiesta que Dios nos prepara. Isaías explica cómo el Señor está preparando un banquete al que todos serán bienvenidos. No habrá más sufrimiento ni muerte. (Primera lectura)
Por el contrario, la parábola del Evangelio habla de invitados que son invitados por el rey a una gran fiesta de bodas, pero no asisten. Como resultado, el rey hace que sus sirvientes pidan a todos los que puedan encontrar, buenos y malos por igual, que reemplacen a aquellos que han puesto excusas.
El Salmo nos recuerda que el Señor se ocupará de todas nuestras necesidades para que nada nos falte.
En la Segunda Lectura, Pablo escribe a la comunidad cristiana de Filipos. A pesar del encarcelamiento y una probable sentencia de muerte, Pablo ha logrado una actitud tranquila y de aceptación ante la vida a través de total confianza y fe en el Señor.
Esta semana, tal vez queramos reflexionar sobre la forma en que respondemos cuando el Señor nos invita a unirnos a él y cómo tratamos a sus mensajeros. A su vez, tal vez podamos sentirnos llamados a invitar a aquellos que parecen haber quedado en el camino… para bien o para mal.(*)

La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el banquete de los dones del Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o exigir una exclusiva. Todo esto nos induce a vencer la costumbre de situarnos cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los fariseos. Esto no se debe hacer; debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y despreciado por la sociedad es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la «iglesita» —nuestra «pequeña iglesita»— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios. Solamente hay una condición: vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo.

PAPA FRANCISCO
Ángelus, 12 de Octubre 2014

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a
El Señor ofrecerá un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros

El Señor de los ejércitos
ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados, 
de manjares suculentos, medulosos, 
de vinos añejados, decantados. 
Él arrancará sobre esta montaña
el velo que cubre a todos los pueblos, 
el paño tendido sobre todas las naciones. 
Destruirá la Muerte para siempre; 
el Señor enjugará las lágrimas 
de todos los rostros, 
y borrará sobre toda la tierra 
el oprobio de su pueblo, 
porque lo ha dicho él, el Señor. 
Y se dirá en aquel día: 
Ahí está nuestro Dios, 
de quien esperábamos la salvación: 
es el Señor, en quien nosotros esperábamos; 
¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!
Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Palabra del Señor

Salmo Responsorial 22, 1-6
R: El Señor nos prepara una mesa

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar. 
Él me hace descansar en verdes praderas, 
me conduce a las aguas tranquilas 
y repara mis fuerzas. R

Me guía por el recto sendero, 
por amor de su Nombre. 
Aunque cruce por oscuras quebradas, 
no temeré ningún mal, 
porque Tú estás conmigo: 
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R

Tú preparas ante mí una mesa, 
frente a mis enemigos; 
unges con óleo mi cabeza 
y mi copa rebosa. R

Tu bondad y tu gracia me acompañan 
a lo largo de mi vida; 
y habitaré en la Casa del Señor, 
por muy largo tiempo. R

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4, 12-14. 19-20
Lo puedo todo en Aquél que me conforta

Hermanos:
Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada. Yo lo puedo todo en Aquél que me conforta. 
Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades. 
Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo.
A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra del Señor

Aleluya Cf. Ef 1, 17-18
El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine nuestros corazones,
para que podamos valorar la esperanza
a la que hemos sido llamados.

✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 1-14
Inviten al banquete nupcial a todos los que encuentren

Gloria a Ti, Señor

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: 
«El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.  
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”.  Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;  y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.  
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.  Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”. 
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. 
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.  “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Te invitamos a escuchar la reflexión de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para este Domingo: https://www.rezandovoy.org/reproductor/2023-10-15

~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas para este Domingo

Segunda Lectura ~ Flp 4, 12-14. 19-20

El Apóstol san Pablo escribió esta carta a los filipenses desde la prisión. Su vida fue una serie de éxitos y aparentes fracasos, pero lejos de desanimarse, está de buen ánimo. En este pasaje, da a los filipenses la clave de su alegría. A diferencia de los filósofos estoicos de esa época, él no es capaz de contentarse simplemente aceptando su destino y su ley natural; tampoco confía en sus propios recursos. En cambio, la fuerza de Pablo reside en la manos de Cristo, cuya gracia fortalecedora es mayor de lo que él puede pedir o imaginar. El Apóstol también aprovecha la oportunidad, al final de su carta, para agradecer a los Filipenses por el apoyo y la ayuda práctica que ha recibido de a ellos. (Véase también Filipenses 4, 15–18).

Evangelio ~ Mt 22, 1-10

La parábola del Banquete de Bodas

Jesús usa esta parábola sobre el Reino de los Cielos en respuesta a quienes cuestionaban su autoridad. Una vez más, su audiencia está compuesta por sumos sacerdotes y ancianos, las mismas personas que pronto lo arrestarían. Esta parábola en particular, tiene muchos paralelos con la historia de Lucas sobre el Gran Banquete (Lucas 14, 16-24) pero muestra evidencia de una reescritura integral.

Un Rey ofrece un gran banquete de bodas para su hijo
Los oyentes de Mateo estaban familiarizados con la imagen de un banquete que representaba la relación de Dios con Israel (ver Primera Lectura de Isaías 25). Jesús usa esta imagen frecuente en sus parábolas: su bienvenida a los pecadores y su banquete con ellos es un signo activo de la llamada a todos los hombres a unirse a este banquete celestial.

Los invitados no quisieron venir al banquete
Era costumbre en el Medio Oriente enviar dos invitaciones para advertir a la gente, especialmente para aquellos que venían de una gran distancia. Las fiestas de boda duraban semanas y era una buena manera de mostrar el poder y riqueza. De hecho, los preparativos llevaban mucho tiempo, ya que a veces era necesario hacer construcciones para invitados importantes (cf. Juan Bautista: ‘Preparen el camino para el Señor’). En una sociedad donde el honor y la vergüenza eran lo más importante, rechazar la invitación del rey era un verdadero acto de rebelión. La violencia hacia los sirvientes en su parábola equivaldría a una alta traición, especialmente en una época en la que no había movilidad social. De hecho, el 5% de la población poseía el 95% de la riqueza del país.

El rey estaba furioso
El incendio de la ciudad es, probablemente, una referencia a la destrucción de Jerusalén, hecho ocurrido entre 10 y 15 años antes de que Mateo escribiera su Evangelio.

“Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren… buenos y malos por igual”
Es posible ver en esta parábola un símbolo de Dios (el rey) invitando a su pueblo (los invitados). Los invitados originales (Israel) no aceptan su llamado, pero los recién llegados (gentiles) responden a su invitación. Como ocurre con cualquier grupo de personas, no todos son virtuosos en la misma medida. Mateo está preparando a su audiencia que será parte de la nueva Iglesia del primer siglo.(*)

(*) fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/

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