Lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

‘Alégrate conmigo…
¡He encontrado mi oveja que se había perdido!’

Las lecturas de este domingo celebran la misericordia ilimitada que Dios nos ofrece, independientemente de nuestros pecados, y el gozo que proviene del arrepentimiento.
En la Primera Lectura, la frágil fe de los israelitas se tambalea y adoran al becerro que han creado de metal fundido. Moisés aboga por la causa del pueblo, y Dios se arrepiente de destruirlos, a pesar de su falta de fe.
El salmista, reconociendo la profundidad de su pecaminosidad, confía en la misericordia de Dios. Le ruega a Dios que fortalezca el espíritu interior, ofreciendo un corazón «humillado y contrito».
La segunda lectura recuerda la multitud de pecados que el joven Saulo cometió contra la fe antes de su conversión. A pesar de esto, cuando se arrepintió de estos pecados, se le mostró una gran misericordia y se llenó de la gracia y el amor de Cristo. Se nos recuerda nuevamente que Jesús vino al mundo para salvar a todos los pecadores.
En el Evangelio, escuchamos la poderosa enseñanza de Jesús acerca de buscar lo que se ha perdido y el gozo que viene cuando se vuelve a encontrar. Aquí habla de una oveja perdida y de una moneda perdida, pero el corazón de su mensaje es el gozo de la misericordia amorosa de Dios, que se derrama sobre nosotros cuando nos arrepentimos de nuestros pecados.
Esta semana, tengamos en cuenta a todos aquellos que están perdidos y buscan algo, tal vez un ser querido que se ha extraviado; por perdón; por amor o paz; o por el sentido de la vida misma. Pedimos al Señor que esté con todos nosotros en nuestra búsqueda y nos traiga la alegría de encontrar lo que buscamos.

Algunos cristianos parecen ser devotos de la diosa lamentación. El mundo es el mundo, el mismo que hace cinco siglos atrás y es necesario dar testimonio fuerte, ir adelante pero también soportar las cosas que aún no se pueden cambiar. Con coraje y paciencia a salir de nosotros mismos, hacia la comunidad para invitarlos.
Sean por todas partes portadores de la palabra de vida, en nuestros barrios, dónde haya personas. Queridos hermanos, tenemos una oveja y nos faltan 99, salgamos a buscarlas, pidamos la gracia de salir a anunciar el evangelio. Porque es más fácil quedarse en casa con una sola oveja, peinarla, acariciarla, pero a todos nosotros el Señor nos quiere pastores y no peinadores.

papa francisco
homilía, casa santa marta
17 de junio 2013

Lectura del libro del Éxodo 32, 7-11. 13-14
El Señor se arrepintió del mal con que había amenazado

El Señor dijo a Moisés:
«Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron:
«Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto.»» Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación.»
Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: «¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa?
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia.»»
Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Palabra del Señor

Salmo Responsorial– 50, 3- 4.12 – 13.17.19
R: Iré a la casa de mi Padre

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado! R

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu. R

Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17
Jesucristo vino para salvar a los pecadores

Querido hermano:
Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús. Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la Vida eterna. ¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra del Señor

Aleluya 2Cor 5, 19
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
confiándonos la palabra de la reconciliación.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 15, 1-10
Habrá alegría en el cielo por un pecador que se convierta

Gloria a Ti, Señor

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola: «Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido.»
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.» Y les dijo también: «Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: «Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido.» Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte.»

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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