Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

La solemnidad de los Santos Pedro y Pablo es la celebración de dos hombres que, aunque muy distintos en sus personalidades, en sus estilos de predicación y de evangelizar, se dejaron llevar por el Espíritu testimoniando, viviendo y muriendo ‘conservando siempre la fe’, confiando en el Señor en todo momento. Pedro, el pescador que todo lo dejó para seguir a Jesús, quien caminó junto a Él y, aunque tropezando muchas veces, dejó que su generoso corazón fuera un instrumento de unidad en los primeros tiempos, en los inicios de la Iglesia. Pablo, en cambio, quien con celo persiguió a los cristianos apasionadamente, es el mismo que, tumbado del caballo, se deja transformar por el misterio del Amor y abre su corazón al accionar del Espíritu, convirtiéndose y llevando la Palabra y el mensaje de Jesús a la periferia del aquel tiempo: los gentiles. Ambos, son un claro signo de lo que es la Iglesia como instrumento de salvación para todos los pueblos, de esperanza para los afligidos, para todos aquellos que buscan la paz, la justicia, para los que aman la verdad y se abren al accionar de Dios en sus vidas para convertirse ellos mismos en testigos, en fecundos instrumentos, en constructores del Reino, en el mundo de hoy.

A la luz de esta experiencia de los santos apóstoles Pedro y Pablo, cada uno de nosotros puede preguntarse: cuando profeso mi fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, ¿lo hago con la conciencia de que siempre debo aprender, o presumo que «ya lo tengo todo resuelto»? Y de nuevo: en las dificultades y pruebas, ¿me desanimo, me quejo, o aprendo a hacer de ellas una oportunidad para crecer en la confianza en el Señor? Porque él —escribe Pablo a Timoteo—nos libra de todo mal y nos lleva con seguridad al cielo (cf. 2 Tm 4,18). Que la Virgen María, Reina de los Apóstoles, nos enseñe a imitarlos avanzando día a día por el camino de la fe.

papa francisco
solemnidad de santos pedro y pablo, apóstoles
29 de junio 2022

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11
Ahora sé que realmente el Señor me libró de las manos de Herodes

El rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.  Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,  y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Ácimos». 
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.  
De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!». Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.  
El Ángel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias», y Pedro lo hizo. Después le dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme».  
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión.  
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él.  
Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío».

Palabra del Señor

Salmo Responsorial 33, 2-9
R: El Señor me libró de todos mis temores

Bendeciré al Señor en todo tiempo, 
su alabanza estará siempre en mis labios. 
Mi alma se gloría en el Señor: 
que lo oigan los humildes y se alegren. R

Glorifiquen conmigo al Señor, 
alabemos su Nombre todos juntos. 
Busqué al Señor: él me respondió 
y me libró de todos mis temores. R

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, 
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor: 
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R

El Ángel del Señor acampa 
en torno de sus fieles, y los libra. 
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor! 
¡Felices los que en él se refugian! R

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18
Está preparada para mí la corona de justicia

Querido hijo:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima:  he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.  Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
El Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.  
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra del Señor

Aleluia Mt 16, 18
Tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-16
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los Cielos

Gloria a Ti, Señor

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».  
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».  «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».  
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».  
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.  Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.  Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».

Palabra del Señor

Gloria a Ti, Señor Jesús

Te compartimos la reflexión de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para esta solemnidad: https://www.rezandovoy.org/reproductor/2022-06-29

Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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