Celebrando en Familia: IV Domingo de Pascua (B)

Esta ayuda litúrgica ha sido elaborada por los Carmelitas de Australia y Timor-Oriental en un momento en que no podemos reunirnos para celebrar la Eucaristía. Somos conscientes que Cristo no solo se hace presente en el Santísimo Sacramento, sino que también está en nuestros corazones. Incluso cuando estamos solos seguimos siendo miembros del Cuerpo de Cristo.
En el lugar que escojan para esta oración, podrían tener una vela encendida, un crucifijo y una Biblia. Estos símbolos ayudan a mantenernos conscientes de lo sagrado que es el tiempo de oración y a sentirnos unidos con las otras comunidades locales que están orando.
La celebración está organizada para que uno de la familia la presida y los otros miembros participan en ella. Sin embargo, la parte del presidente de la celebración puede ser compartida por todos los presentes.

fuente: https://ocarm.org/en/celebrating-at-home/140-celebrando-en-familia-cuarto-domingo-de-pascua/file

Señal de la Cruz

En el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo.
Amén.

El Señor está aquí, presente en medio de nosotros.
Estamos reunidos con toda la Iglesia
en este momento de oración.

Preparémonos para escuchar la Palabra

Señor Jesús, tu eres el Buen Pastor,
llévanos a la vida eterna.

Tu llamas a cada uno por su nombre,
para que podamos sentirte siempre cerca.

Nos llama para seguirte
ayúdanos a responder con todo nuestro corazón.

Cristo resucitado,
guíanos en el camino de la vida, 
para que seamos buenos pastores los unos con otros.
Amén.

Lectura bíblica (Jn 10, 11-18)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos:
“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre’’.

Reflexión – Jesús, el verdadero Pastor

El cuarto domingo de Pascua es conocido como «el domingo del Buen Pastor» porque no importa el ciclo litúrgico que estemos celebrando siempre el Evangelio nos mostrará la imagen de Jesús como el Buen Pastor.

Este año, la lectura del Evangelio habla de Jesús como un verdadero pastor dispuesto a dar la vida por sus ovejas. No es como el asalariado que huye cuando aparece el peligro. Él conoce a sus ovejas y un día las reunirá a todas en un solo rebaño.

Jesús como el buen pastor nos alimenta, nos defiende e incluso da su vida por nosotros. Nuestro Buen Pastor se preocupa profundamente por nosotros y el rebaño tiene la profunda sensación de calidez e intimidad, al darse cuenta que Jesús nos conoce por nuestro propio nombre. Como el Buen Pastor, Jesús, es la fuente de la vida, el alimento y la seguridad para las ovejas.

Reflexionar acerca de Jesús como el Buen Pastor, también, nos ayuda a recordar que pastoreamos a los otros en nombre de Jesús, esta es la vocación de los discípulos. Estamos acostumbrados a pensar en Jesús como el Buen Pastor, pero, también tenemos que pensar en ser, en convertirnos en buenos pastores los unos con los otros.

Una de las cosas más alentadoras de estos días difíciles es el número de personas que se han convertido en buenos pastores para los demás, proporcionando seguridad y protección a las personas vulnerables, apoyando a los trabajadores de la salud, proporcionando comida y compañía.

Eso es lo que significa dar la vida por los demás.

Oraciones de intercesión

Señor, ayúdanos a cuidar el mundo con amor.
Danos la valentía para hacerte presente en medio de nosotros.

Mantennos fuertes en la fe,
en la esperanza y en el amor
para que tu amor continúe tocando
y sanando a nuestro mundo.

Te pedimos por todos los trabajadores
de la salud e investigadores.
bendice su trabajo para sentirnos seguros y bien.

Oremos por aquellos que lloran la pérdida de un ser querido: 
dales el consuelo y la paz.

Que en medio de la oscuridad de estos días
seamos luz y amor el uno para el otro.

Danos un sentido profundo de tu presencia:
que seamos buenos pastores los unos con los otros.

La oración del Señor

Como el mismo Jesús nos enseñó, digamos confiadamente:

Padre nuestro, que estás en el cielo.
Santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestra ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Oración final

Señor Dios nuestro,
que en la resurrección de Jesús
compartes con nosotros su vida resucitada.
Transforma nuestra oscuridad, miedo
y aislamiento con tu presencia reconfortante,
para que podamos ser presencia serena,
amorosa y sanadora los unos con los otros.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Bendición

Que tu bendición, Señor,
descienda sobre nosotros, 
y permanezca para siempre.

¡Podemos ir en la paz de Cristo resucitado!
¡Alleluia! ¡Alleluia!


Escrito por

El lugar de encuentro de los Católicos latinos en Bangkok... de la mano de Cristo y bajo el amparo de María ... celebrando la fe en comunidad desde el 2002 ...

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