«Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él».
La fiesta del Corpus Christi de hoy nos invita a celebrar y reflexionar con gratitud sobre el misterio de la Eucaristía. Este es el gran don de Jesús mismo: el pan de vida. Las lecturas nos ayudan a comprender cómo Dios nos nutre, nos une como uno solo y nos llama a confiar en él.
Moisés (Primera Lectura) recuerda cómo Dios liberó a los israelitas de la esclavitud y los guió por el desierto, proveyéndoles de maná y agua. Nunca estamos solos: el Señor cuida de nosotros incluso en tiempos de dificultad.
Este tema se refleja en el Salmo. El pueblo eleva sus corazones en agradecimiento a Dios, cantando alabanzas por su guía, su palabra y su protección.
Pablo explica a los Corintios, y a nosotros, que participar del cuerpo y la sangre de Cristo nos une a Cristo y a toda la comunidad cristiana, haciéndonos un solo cuerpo. (Segunda Lectura)
En el Evangelio, Jesús se declara el pan vivo del cielo. La Eucaristía es el nuevo maná, dado por medio de Jesús, quien promete estar siempre con nosotros como fuente de toda vida.
Esta semana, oramos por una mayor confianza en el don de la Eucaristía, y especialmente por quienes no pueden participar de ella por cualquier motivo, recordando que Dios nos ama a todos incondicionalmente. (*)

La espiritualidad que necesitamos es una espiritualidad eucarística, es decir, una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor. La Encarnación y la Pascua revelan a Dios que entra en nuestra condición humana y la transfigura en el don de sí mismo. Este don permanece presente y operante en la Eucaristía, en la cual el Señor se comunica y reúne a la Iglesia, para que su entrega se convierta en principio de unidad y fuente de vida nueva. De esta comunión nace también la solidaridad cristiana, porque la «unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega».
Papa León XIV
Carta Encíclica Magnifica Humanitas [234]
25 mayo 2026
Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Te dio un alimento que ni tus padres conocían
Moisés habló al pueblo diciendo:
Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres.
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 147, 12-15. 19-20
R: ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!
¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
Él reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. R
Él asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R
Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. R
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 10, 16-17
Hay un solo pan. Todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo
Hermanos:
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.
Palabra del Señor
Secuencia ~ Laude Sion Salvatorem
Glorifica, Sión, a tu Salvador aclama con himnos y cantos a tu Jefe y tu Pastos. Glorifícalo cuanto puedas, porque Él está sobre toda alabanza, y jamás podrás alabarle lo bastante. El motivo especial de alabanza que hoy se nos propone es el pan vivo y que da vida. Es el mismo, no lo dudes, que aquel que en la Santa Cena a los Doce se entregó. Sea plena la alabanza, armoniosa, sea alegre y fervoroso el gozo del corazón. Pues celebramos el solemne día en que fue instituido este divino banquete. En esta mesa del nuevo rey, la pascua nueva de la nueva ley pone fin a la pascua antigua. Lo nuevo sustituye lo antiguo, la verdad ahuyenta las sombras, y la luz destierra a las tinieblas. Lo que Jesucristo hizo en la cena, nos mandó a hacer en memoria suya. Instruidos con sus santos mandatos, consagramos el pan y el vino, en sacrificio de salvación. Es dogma que se da a los cristianos, que el pan se convierte en carne, y el vino en sangre. Lo que no comprendes y no ves, una fe viva lo atestigua, fuera de todo el orden de la naturaleza. Cuando se divida el Sacramento, no vaciles, sino recuerda que Jesucristo tan entero está en cada parte como antes en el todo. | No se parte la sustancia, solo el signo se fracciona; ni el ser ni el tamaño se reducen de Cristo presente. Bajo diversas especias, que son signos y no cosas, están ocultos los dones más preciados. Su carne es alimento y su sangre bebida; mas Cristo está todo entero bajo cada especie. Quien lo recibe no lo rompe, no lo quebranta ni lo desmembra; recíbese todo entero. Recíbelo uno, recíbenlo mil; y aquél lo toma tanto como éstos, pues no se consume al ser tomado. Es muerte para los malos y vida para los buenos; mira cómo un mismo alimento produce efectos tan diversos. He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros. Varios signos lo anunciaron: Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; el maná nutrió a nuestros padres. Jesús, buen pastor, pan verdadero, ten piedad de nosotros: apaciéntanos y protégenos; haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes. Tú, que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí siendo aún mortales, haznos allí tus comensales, coherederos y compañeros de los ciudadanos santos. Amén. |
La Secuencia fue compuesta por Santo Tomás de Aquino, OP (ca. 1246)

Aleluia Jn 6, 51
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá eternamente», dice el Señor
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-58
Mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida
Gloria a Ti, Señor
Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente,
y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»
Jesús les respondió:
«Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre
y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida,
vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron.
El que coma de este pan vivirá eternamente».
Palabra del Señor
Gloria a Ti, Señor Jesús
En esta solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, te invitamos a unirnos en oración escuchando y meditando juntos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy, un proyecto de los Jesuitas de España: https://rezandovoy.org/reproductor/2026-06-07
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas de esta Semana
La Fiesta de Corpus Christi ~ Durante aproximadamente 700 años, la Iglesia ha celebrado la Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, también conocido como Corpus Christi. Esta solemnidad celebra el regalo que Jesús nos da en la Eucaristía: su propio Ser como nuestra comida y bebida.
Segunda Lectura ~ 1Cor 10, 16-17
La lectura de hoy proviene de la parte de la Carta (desde el capítulo 7 en adelante) donde Pablo responde a las preguntas de los Corintios. En el capítulo 8, su consulta se refiere al consumo de alimentos provenientes de animales sacrificados a los ídolos, un problema cotidiano para los cristianos. Como solo una pequeña parte del animal se quemaba como ofrenda, el resto pertenecía a los sacerdotes del Templo, quienes a menudo lo vendían a los carniceros locales. Las comidas familiares festivas solían celebrarse en el Templo, por lo que los cristianos debían decidir si comer o no esa carne. La respuesta de Pablo se basa en dos principios generales: los fieles deben liberarse de la obligación de seguir la Ley ciegamente y, sobre todo, deben comportarse con caridad. En el capítulo 10, que incluye la lectura de hoy para el Corpus Christi, Pablo ofrece consejos prácticos sobre este tema. Participar en las comidas del Templo es demasiado parecido a adorar demonios e ídolos (10:18-22). Para los cristianos, es el partir el pan y beber del cáliz de la bendición lo que nos permite entrar
en comunión con el Señor. El cáliz de la bendición mencionado aquí es el tercer cáliz ritual de la cena de Pascua, sobre el cual se pronunciaban las oraciones de acción de gracias.
Este partir el pan y beber del cáliz, que ahora llamamos la Eucaristía («Acción de Gracias»), fortalece y consolida la unión entre los cristianos y el Señor. Quienes creemos en sus palabras y participamos de la Eucaristía nos unimos a él y entre nosotros.
Evangelio ~ Jn 6, 51-58

El Evangelio de hoy pertenece a la sección final del discurso eucarístico de Juan 6,
donde el vocabulario cambia radicalmente con respecto a los versículos anteriores. Las palabras clave ya no son «pan del cielo» ni «pan de vida». Los judíos estaban familiarizados con estas ideas, ya que sus antepasados se alimentaron del maná al cruzar el desierto. Ahora se habla de «carne», y las palabras «sangre», «comer» y «alimentar» se repiten con frecuencia. Hay una referencia constante a la comida y la bebida.
«Yo soy el pan vivo».
Esta es la única vez que se usa esta expresión en el Nuevo Testamento. También encontramos «agua viva» y «Padre vivo», por lo que la palabra «vivo» tiene un significado muy cercano a «divino».
«¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?».
Esto indica claramente que la audiencia no ha comprendido quién es Jesús. Hay un fuerte sentimiento de desprecio en la expresión «este hombre».
«Si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben su sangre»,
Juan usa el término «carne» donde los otros evangelistas hablan de «cuerpo». («Este es mi cuerpo, que es entregado por ustedes»: Lucas 22, 19). Es posible que Juan esté intentando combatir una herejía de la época, el gnosticismo, que sostenía que Jesús no era un ser humano real, sino una idea filosófica de amor con apariencia de hombre. También podría aludir a la Encarnación revelada al comienzo del Evangelio de Juan: «Y el Verbo se hizo carne…» (Juan 1, 14).
«El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí».
Para los judíos, este lenguaje sería aborrecible y ofensivo. El Antiguo Testamento prohíbe claramente beber sangre: «No comerás su sangre» (Deuteronomio 15, 23). Hasta el día de hoy, los judíos observantes solo comen carne desangrada (comida kosher). Las personas que habían estado en contacto con sangre eran consideradas ritualmente impuras. Juan no ofrece en ningún momento una descripción detallada de la institución de la Eucaristía, y estos versículos podrían haber tenido la intención de compensar esta omisión. A lo largo de todo el texto, Juan ha animado a su audiencia a cultivar una intimidad cada vez mayor con Jesús, culminando aquí con las palabras: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí». Es decir, esa persona está totalmente unida a Jesús en una relación continua de amor y confianza.
fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/






Deja un comentario