«Ninguna criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo»
Esta semana, las lecturas se centran principalmente en la comida, y más particularmente en el compartir la mesa: símbolo de comunión y unión, y recordatorio de la alianza de Dios con su pueblo.
Isaías (Primera Lectura) nos invita a compartir esta comida: «Vengan, compren vino y leche sin dinero y sin precio… Haré con ustedes una alianza eterna».
El Salmo, tradicionalmente cantado por los israelitas a la hora de las comidas, alaba al Señor por proveerles alimento abundante.
Incluso cansado y afligido por la pérdida de Juan el Bautista, Jesús muestra compasión por las multitudes que lo siguen (Evangelio). Se asegura de que tengan qué comer, transformando lo poco que los discípulos le traen en gran abundancia. Esta bendición y reparto de los panes y los peces por parte de Jesús prefigura la comida que compartimos en la Eucaristía.
Encontraremos gran consuelo y fortaleza al comprender plenamente que nada puede separarnos del amor de Dios por medio de Cristo nuestro Señor (Segunda Lectura).
Conscientes de que nada de lo que hagamos o pensemos puede hacer que Dios nos ame más o menos, oramos esta semana por todos aquellos que no conocen ni aceptan a Jesús como su Señor. También oramos por quienes se encuentran en extrema necesidad, ya sea física o espiritual. (*)

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la creación,
Tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día,
como signo de tu amor y providencia.
Hoy reconocemos con dolor
que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre,
mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.
Despierta en nosotros una nueva conciencia:
que aprendamos a agradecer cada alimento,
a consumir con sencillez,
a compartir con alegría,
y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo,
destinado a todos, no solo a unos pocos.
Padre bueno,
haznos capaces de transformar la lógica del consumo egoísta
en una cultura de solidaridad.
Que nuestras comunidades promuevan gestos concretos:
campañas de sensibilización, bancos de alimentos,
y un estilo de vida sobrio y responsable.
Tú que nos enviaste a tu amado Hijo Jesús,
pan partido para la vida del mundo,
danos un corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad.
Que nadie quede excluido de la mesa común,
y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan
no como un objeto de consumo,
sino como un signo de comunión y cuidado.
Amén.
Papa León XIV
Intención de Oración Universal
para el mes de Mayo, 2026:
Por una alimentación para todos
Lectura del libro de Isaías 55, 1-3
Vengan y coman
Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche.
¿Por qué gastan dinero en algo
que no alimenta y sus ganancias,
en algo que no sacia?
Háganme caso, y comerán buena comida,
se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán.
Yo haré con ustedes una alianza eterna,
obra de mi inquebrantable amor a David.
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 144, 8-9. 15-18
R: Abres tu mano, Señor, y nos colmas de tus bienes
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas. R
Los ojos de todos esperan en ti,
y tú les das la comida a su tiempo;
abres tu mano y colmas de favores
a todos los vivientes. R
El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad. R
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Roma 8, 35. 37-39
Ninguna criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo
Hermanos:
¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?
Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.
Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Palabra del Señor
Aleluya Mt 4, 4b
El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 13-21
Todos comieron hasta saciarse
Gloria a Ti, Señor
Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos».
Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Palabra del Señor
Gloria a Ti, Señor Jesús
Como cada Domingo, te invitamos a permanecer unidos en oración meditando juntos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España: https://rezandovoy.org/reproductor/2026-08-02
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas para este Domingo
Segunda Lectura ~ Rm 8, 35. 37-39
Durante las últimas cuatro semanas, hemos estado leyendo y orando el octavo capítulo de la carta de San Pablo a los Romanos. Es un capítulo importante, y sus últimos diez versículos posiblemente fueron escritos como un himno al amor de Dios. El amor de Cristo —es decir, el amor que Cristo nos tiene— se nos ha manifestado en su muerte y resurrección.
Incluso hoy, vivir como cristiano puede ser difícil para nosotros, y San Pablo experimentó todas las dificultades que menciona aquí. Estas se relatan principalmente en el cuarto capítulo de su primera carta a los Corintios y en el undécimo capítulo de su segunda carta, pero el poder del amor de Cristo nos permite vencerlas. Jesús nos libra del temor a la muerte e incluso libera a quienes temen tanto a la vida que desean acabar con ella.
Los ángeles que menciona Pablo podrían representar elementos buenos o malos. Al escribir esta carta, Pablo se interesó por la angelología (la doctrina sobre los ángeles). Algunos eran considerados un consejo celestial que rodeaba a Dios, pero otros eran ángeles caídos y malévolos (véase Efesios 6, 12) que se aliaron con Satanás.
Pablo continúa enumerando las fuerzas que los antiguos consideraban hostiles a la humanidad. En particular, estas incluyen la altura y la profundidad, medidas astrológicas para evaluar la proximidad o lejanía de las estrellas, que se creía que controlaban el destino humano. Ni siquiera ellas pueden separarnos del amor de Dios por nosotros, manifestado en Cristo Jesús.
Evangelio ~ Mt 14, 13-21
Jesús alimenta a los cinco mil
Esta historia aparece con ligeras variaciones en los cuatro Evangelios. En San Mateo, surge inmediatamente después de la noticia de la decapitación de Juan el Bautista por orden de Herodes. Mateo sigue el relato de Marcos muy de cerca, pero difiere en algunos aspectos importantes: aquí se enfatiza la compasión de Jesús por el pueblo; son los discípulos quienes deben proveer alimento; y existen fuertes paralelismos entre este evento y la Última Cena, con la institución de la Eucaristía (Mateo 26, 26-29). Mateo ofrece menos detalles que Marcos, lo que aumenta el significado simbólico de la historia.
Este episodio evoca varias historias de alimentación múltiple en el Antiguo Testamento: el maná que alimentó a los israelitas en el desierto (Éxodo 16); las codornices en el desierto (Números 11, 31-35); Elías y la viuda en Sarepta (1 Reyes 17, 8-16); y Eliseo, que alimentó a cien personas con dos panes de cebada (2 Reyes 4, 42-44).
Jesús se alejó en una barca a un lugar solitario
No se identifica la ubicación exacta de este lugar. Probablemente se encontraba en la región de Betsaida, cerca de las orillas del mar de Galilea, no lejos de pueblos o aldeas donde la multitud habría podido comprar comida.
No tenemos más que cinco panes y dos peces
La comida —cinco panes y dos peces— que los discípulos llevaban consigo, probablemente habría sido suficiente para alimentar a su propio grupo. Los panes probablemente estaban hechos de grano de cebada (el trigo estaba reservado para los ricos); mientras que el pescado, un alimento básico en aquella época, podía secarse, curarse o salarse, y era fácil de transportar.
Jesús levantó la vista al cielo y pronunció la bendición
Jesús bendice la comida como en una comida judía tradicional. Sin embargo, sus palabras son las mismas que las de la Última Cena: tomar, bendecir, partir, dar. Para los cristianos de hoy, están muy asociadas con la Eucaristía.
Los que comieron fueron unos cinco mil hombres
El tamaño de la multitud puede ser inexacto, ya que la tradición oral siempre tiende a aumentar las cifras. Pero representa a todo Israel, donde el simbolismo se ve reforzado por las canastas restantes, doce siendo este el número de las tribus de Israel. (*)
(*) fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/




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