«Entonces brillará tu luz»
Las lecturas de hoy nos animan a ser audaces en nuestras acciones.
Cuando compartimos y acogemos a los necesitados, y protegemos aquello que construye una comunidad de amor, llevamos la luz de Dios a los lugares oscuros, disipando la penumbra del aislamiento (Primera Lectura).
El salmista dice que quienes imitan la luz de Dios serán recordados y honrados para siempre.
Para San Pablo, el conocimiento de Cristo crucificado lo era todo: era la luz en su camino y revelaba cómo el poder del Espíritu obraba en el mundo (Segunda Lectura).
El Evangelio nos recuerda que, al servicio del Reino, nuestras buenas obras no pueden ni deben ocultarse. Por nuestros actos de servicio amoroso, vivimos como sal; por nuestra fiel confianza en el amor de Dios, vivimos como luz. Y todo para que Dios sea glorificado.|
Oremos para que la próxima semana esté llena de buenas obras, y que a través de ellas, se revele la gloria de Dios. (*)

También en nuestra vida personal y eclesial, a veces debido a resistencias internas o a circunstancias que no consideramos favorables, pensamos que no es el momento adecuado para anunciar el Evangelio, para tomar una decisión, para hacer una elección, para cambiar una situación. Sin embargo, el riesgo es quedarnos bloqueados en la indecisión o prisioneros de una prudencia excesiva, mientras que el Evangelio nos pide que asumamos el riesgo de confiar; Dios obra en todo momento y todo momento es bueno para el Señor, aunque no nos sintamos preparados o la situación no parezca la mejor.
Papa León XIV
Ángelus
25 enero 2026
Lectura del libro de Isaías 58, 7-10
Despuntará tu luz como la aurora
Así habla el Señor:
Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!»
Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 111, 4-9
R: Para los buenos, brilla una luz en las tinieblas
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud. R
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
No tendrá que temer malas noticias:
su corazón está firme, confiado en el Señor. R
Su ánimo está seguro, y no temerá.
El da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad. R
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 2, 1-5
Les anuncié el testimonio de Cristo crucificado
Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.
Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.
Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Palabra del Señor
Aleluya Jn 8, 12
«Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue tendrá la luz de la vida», dice el Señor
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16
Ustedes son la luz del mundo
Gloria a Ti, Señor
Jesús dijo a sus discípulos:
« Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.»
Palabra del Señor
Gloria a Ti, Señor Jesús
Seguimos unidos en oración, meditando juntos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España: https://rezandovoy.org/reproductor/2026-02-08
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas de este Domingo
Primera Lectura ~ Is 58, 7-10

Este pasaje viene del final del Libro de Isaías, que algunos eruditos atribuyen a un escritor conocido como ‘Tercer Isaías’ (el autor de Caps. 56–66). El escritor es, por lo tanto, distinto del ‘Segundo Isaías’ (‘Deutero-Isaías’) asociado con los cap. 40–55, y el histórico, el mismo Isaías (cap. 1-39), que escribía en el siglo VIII a.C.Por el contrario, este pasaje quizás fue escrito en algún momento alrededor del año 539 a.C., después de que los judíos regresaron de su exilio en Babilonia.
Pero el regocijo de su regreso a casa ahora se ha desvanecido. Los versículos anteriores en este capítulo hablan del abatimiento de los judíos; ayunan para conseguir el favor de Dios, pero Dios parece estar ausente: ‘¿Por qué hemos de ayunar si nunca lo ves, ¿por qué hacer penitencia si nunca lo notas?’, preguntan. (Isaías 58, 3)
El Señor les dice a través de Isaías de el tipo de ayuno que agrada [a él]’. Los gestos únicos no son lo que se necesita; lo que importa es un cambio real de corazón, mostrado en un preocupación por la justicia social y una renovación de las relaciones. La fidelidad de los judíos a Dios debería ser visto en lo que hacen por el desamparado.
Es interesante notar que Mateo escribe al final de su evangelio, en la Parábola de las ovejas y las cabras, que el juicio de Dios al final de los tiempos dependen de estos mismos actos de caridad. (Mateo 25, 31–46)
Isaías usa el patrón de oración ‘si haces esto,… entonces esto…’, que deja muy claro su significado (véanse los vers. 7–8; 10).
El resultado de estas acciones es la promesa de luz que surge de la oscuridad. Es esta misma imagen del contraste entre luz y tinieblas que San Juan usa a menudo en su Evangelio (ver Juan 3, 20-21, para ejemplo) y que Mateo usa en el pasaje evangélico de hoy.
Evangelio ~ Mt 5, 13-16
Simbolismo de la sal
Cuando Jesús usa las imágenes de la sal para recalcar el significado de ser un discípulo, su papel vital se entiende fácilmente. Se usaba como especia y conservante y estaba presente en todos los hogares. Los griegos llamaban sal divina (teión). Los romanos decían: «No hay nada más útil que el sol y la sal.’ (‘Sole et sale nihil utilius’). En tiempos de Jesús, la sal estaba conectada, en las mentes de las personas, con tres cualidades especiales: pureza, preservación de la corrupción, y dando sabor a la vida.

Sal sin sabor
Algunos suponen que la idea inusual de que la sal pierde su sabor se refiere a la sal del Mar Muerto, porque es químicamente impura y por lo tanto podría perder su gusto. Otra explicación que se da a veces es que en Palestina, el horno común estaba al aire libre y construido en piedra sobre una base de tejas. De tales hornos, para conservar el calor, se colocaba un grueso lecho de sal bajo el suelo de baldosas. Después de un cierto período de tiempo, la sal perecía. Se recogían las tejas, se quitaba la sal y se tiraba en el camino fuera de la puerta del horno; había perdido su poder para calentar las tejas y, por ende, se descartaba.
La luz, símbolo universal del bien
La imagen de la luz es universal: en el cap. 4, 16 Jesús es comparado a una luz que brilla en la oscuridad. Jesús ahora usa esta misma imagen para sus discípulos. Cuando Jesús instruyó a sus seguidores a ser luces del mundo, estaba exigiendo nada menos que ser como él. Jesús estaba usando una expresión que era bastante familiar para los judíos ya que ellos mismos hablaban de Jerusalén como ‘una luz para los gentiles’; un rabino famoso se refiere a menudo como «una lámpara de Israel’.
Iluminación en casas palestinas
Las casas en Palestina estaban muy oscuras, con solo una pequeña ventana circular unas dieciocho pulgadas de ancho. La lámpara era como una salsera llena de aceite, con la mecha flotando en el recipiente, y estaba de pie sobre un candelero (no más de un rama de madera de forma tosca). Cuando la gente salía de casa, por seguridad, sacaban la lámpara de su soporte y la ponían bajo un celemín de barro, para que ardiera sin riesgo hasta que volvían a sus hogares.
fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/





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