Juan dio testimonio: «Vi al Espíritu descender
del cielo como una paloma»
Los principales acontecimientos de la Navidad ya han quedado atrás, y hasta la Cuaresma, seguimos los domingos del Tiempo Ordinario. Este Segundo Domingo del Tiempo Ordinario retoma el acontecimiento del bautismo de Jesús.
En el Evangelio, Juan el Bautista reconoce en Jesús al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan da testimonio de que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios.
En la Primera Lectura, el profeta Isaías habla del Siervo, a quien los cristianos han identificado desde hace mucho tiempo con Jesús. Él será luz para las naciones, para que la salvación llegue hasta los confines de la tierra.
El salmista da gracias por la ayuda recibida. Se deleita en hacer la voluntad de Dios, ofreciendo su capacidad de escuchar y hablar a quienes lo rodean.
Pablo, en la Segunda Lectura, saluda a la joven Iglesia de Corinto con la gracia y la paz de Dios.
Esta semana, estamos invitados a reflexionar sobre el testimonio que damos como cristianos y a decidirnos a escuchar atentamente a quienes nos rodean. También oramos para que la salvación y la paz lleguen a todos en el mundo. (*)

Queridos hermanos, la esperanza que anunciamos debe tener los pies en la tierra: viene del cielo, pero para generar aquí abajo una historia nueva. En los regalos de los magos vemos, pues, lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros. Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz. Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino (cf. Mt 2,12)
Papa León XIV
Ángelus, Solemnidad de la Epifanía del Señor
6 enero 2026
Lectura del libro de Isaías 49, 3-6
Yo te destino a ser la luz de las naciones
El Señor me dijo:
«Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré».
Pero yo dije: «En vano me fatigué,
para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza».
Sin embargo, mi derecho está junto al Señor
y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor,
el que me formó desde el seno materno
para que yo sea su Servidor,
para hacer que Jacob vuelva a él
y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor
y mi Dios ha sido mi fortaleza.
El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor
para restaurar a las tribus de Jacob
y hacer volver a los sobrevivientes de Israel;
yo te destino a ser la luz de las naciones,
para que llegue mi salvación
hasta los confines de la tierra».
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 39, 2. 4ab. 7-10
R: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Esperé confiadamente en el Señor:
Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios. R
Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy». R
«En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón». R
Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor. R
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 1-3
Llegue a ustedes la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra del Señor
Aleluya Jn 1, 14a. 12a
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
A todos los que la recibieron
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 29-34
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo
Gloria a Tí, Señor
Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
A él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombre que me precede,
porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel».
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo».
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor
Gloria a Tí, Señor Jesús
Como cada semana, seguimos unidos en oración meditando juntos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para este Domingo: https://rezandovoy.org/reproductor/2026-01-18
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas de este Domingo
Salmo 39 (40)
Esta semana rezamos la primera mitad de este salmo, que expresa la gratitud de una persona que se encontraba sufriendo una gran aflicción. Su paciente espera ha sido recompensada.
La profunda relación del salmista con el Señor se refleja en el lenguaje que usa; muchas palabras se refieren a su cuerpo: boca, oído, corazón, labios. Expresa su gratitud al Señor, sin esconderse en expresiones pasivas, sino con total apertura: Esperé, aquí estoy, me deleito, etc.
Hay varias conexiones bíblicas en este salmo: la expresión «Aquí estoy» también se encuentra en Isaías 6, 8, y «deleitarse en la Ley en lo profundo de su corazón» hace eco de Jeremías 31, 33: «En lo profundo de ellos, plantaré mi Ley, escribiéndola en sus corazones». También sabemos que, según el autor de la carta a los Hebreos, Jesús mismo citó este salmo: Hebreos 10, 5-10.
Cuando se escribieron los salmos, la gente creía que Dios llevaba un libro que registraba el comportamiento de cada individuo, de ahí el nombre de «el rollo del libro». Esto también se menciona en el Salmo 139, 16: «Tus ojos vieron todas mis acciones; todas estaban escritas en tu libro».
Evangelio ~ Jn 1, 29-34

Este domingo leemos sobre el bautismo de Jesús, tal como se describe en el Evangelio de San Juan. El enfoque de Juan difiere del de Mateo, Marcos y Lucas. Mientras que ellos se centran en lo que sucedió en ese momento, el énfasis de Juan recae en la identidad de Jesús. Tras ver al Espíritu descender sobre Jesús como una paloma en su bautismo, cumpliendo así la palabra de Dios, Juan el Bautista no duda de que Jesús es aquel para quien había estado preparando el camino (Mt 3, 1-12).
La paloma
En Palestina, la paloma era un ave sagrada, que no se cazaba ni se comía. En la época del bautismo de Jesús, la doctrina cristiana del Espíritu aún no se había establecido; Juan el Bautista pensaba en términos judíos. La palabra judía para Espíritu es ruach, que significa viento, e indica poder, vida y, especialmente, Dios.
«El Cordero de Dios»
Juan el Bautista da testimonio de la identidad de Jesús mediante los títulos que usa para él.
Estos títulos no podían ser dados a nadie más. Aquí Juan le da a Jesús un título que no se encuentra en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, excepto en el Apocalipsis. Allí, el «Cordero» sacrificial se menciona muchas veces, particularmente en el capítulo 17, 14: «…el Cordero es Señor de señores y Rey de reyes…». Este título se utiliza actualmente en la liturgia eucarística cristiana.
Hay varias razones posibles por las que Juan pudo haber usado el título «Cordero de Dios». Pudo haber sido en referencia a la inminente fiesta de la Pascua (Éxodo 12, 11-13), o, siendo hijo de un sacerdote, pudo haber estado pensando en el ritual de sacrificar un cordero dos veces al día en el Templo por los pecados del pueblo (Éxodo 29, 38-42). Una tercera explicación es que pudo haber estado recordando las profecías de Jeremías 11:19 e Isaías 53:7, que hablaban del Cordero que sería inmolado.
Otra imagen muy familiar para los judíos era la del cordero con cuernos, símbolo de un campeón vencedor de Dios. La palabra Cordero resume el amor, el sacrificio, el sufrimiento y el triunfo de Cristo.
El significado del bautismo
El verbo griego baptizein significa sumergir; puede usarse con referencia a la ropa, los barcos e incluso, la embriaguez.
Juan distingue aquí entre su bautismo con agua, que simplemente significaba limpieza física y espiritual, y el bautismo de Jesús, que lo ungió con el Espíritu Santo y con poder (Hechos 10:38). La Iglesia ha conservado el doble simbolismo tradicional del agua en su liturgia bautismal: el agua puede traer muerte (morir a nuestra vida anterior) pero también puede traer nueva vida (como seguidores de Cristo).
(*) fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/


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