¡Ábrete tierra,
haz germinar al Salvador!
El Adviento, tiempo de espera y paciencia, llega a su fin, y las lecturas revelan nuestra ilusión. Se acerca el momento de acoger a nuestro Salvador.
En la primera lectura, encontramos la profecía de Isaías. Cansado de los reyes de Israel, Isaías predice el nacimiento de un niño de una virgen llamado «Dios con nosotros».
El Salmo habla del Dios todopoderoso, creador de la tierra. Quienes lo sigan recibirán la bendición de Aquel que viene a salvarnos.
San Pablo (segunda lectura) proclama a Jesús, descendiente de David en la carne, pero Hijo de Dios en el poder del Espíritu y la resurrección.
En el Evangelio, escuchamos de nuevo la profecía de Isaías. Es a través de la confianza de José en Dios y su obediencia que el plan de Dios se cumple con el nacimiento de Jesús, Hijo de María, Hijo de Dios.
Como Peregrinos de la Esperanza, nos regocijamos en esta época de esperanza y en la llegada de la Luz del Mundo. Al acercarse el fin del año jubilar, podemos reflexionar sobre cómo, a pesar del estado a menudo trágico de nuestro mundo, aún podemos depositar nuestra confianza en Jesucristo, nuestro Salvador. (*)

En la lectura del Sirácida, se nos presenta una descripción poética de la Sabiduría, una imagen que halla su plena identidad en Cristo, «sabiduría de Dios» (1 Co 1,24), quien, llegada la plenitud de los tiempos, se hizo carne, naciendo de una mujer (cf. Ga 4,4). La tradición cristiana ha leído también este pasaje en clave mariana, pues hace pensar en la mujer preparada por Dios para recibir a Cristo. En efecto, ¿quién sino María puede decir «en mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud» (Si 24,25 NV)? Por eso, la tradición cristiana no duda en reconocerla como «la madre del amor» (ibíd. v. 24). En el Evangelio, escuchamos cómo María vive la dinámica propia de quien permite que la Palabra de Dios entre en su vida y la transforme. Como un fuego abrasador que no puede ser contenido, la Palabra nos impulsa a comunicar la alegría del don recibido (cf. Jr 20, 9; Lc 24,32). Ella, alegre por el anuncio del ángel, comprende que el gozo de Dios se plenifica en la caridad, y entonces va presurosa hacia la casa de Isabel.
Papa León XIV
Homilía, Bienaventurada
Virgen Maria de Guadalupe
12 diciembre 2025
Lectura del libro de Isaías 7, 10-14
Miren, la virgen está embarazada
El Señor habló a Ajaz en estos términos:
«Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas.»
Pero Ajaz respondió:
«No lo pediré ni tentaré al Señor.»
Isaías dijo:
«Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel».
Palabra del Señor
Salmo Responsorial 23, 1-6
R: Va a entrar el Señor, el rey de la gloria
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes
porque él la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano. R
¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos. R
Él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 1, 1-7
Jesucristo, nacido de la estirpe de David, Hijo de Dios
Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que Él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor,
nacido de la estirpe de David
según la carne,
y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador
por su resurrección de entre los muertos.
Por Él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
a fin de conducir a la obediencia de la fe,
para gloria de su Nombre,
a todos los pueblos paganos,
entre los cuales se encuentran también ustedes,
que han sido llamados por Jesucristo.
A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra del Señor
Aleluya Mt 1, 23
La virgen concebirá y dará a luz un hijo
a quien pondrán el nombre de Emanuel.
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 1, 18-24
Jesús, nacerá de María, comprometida con José, hijo de David
Gloria a Ti, Señor
Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
«La Virgen concebirá
y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel,
que traducido significa: «Dios con nosotros»».
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
Palabra del Señor
Gloria a Ti, Señor Jesús
Te compartimos la reflexión preparada por nuestros amigos de RezandoVoy.org, un proyecto de los Jesuitas de España, para que juntos, como Peregrinos de Esperanza, nos unamos en oración en este último Domingo de Adviento: https://rezandovoy.org/reproductor/2025-12-21
~ Creciendo en la Fe ~
Notas sobre las lecturas de esta semana
Primera Lectura ~ Is 7, 10-14
El pasaje de Isaías que leemos esta semana, data de ocho siglos antes del nacimiento de Jesús. Su contexto se refiere a los reinos de Israel (también conocido como Efraín) y su aliada Siria, que han tratado de alentar al rey Acaz de Judá a unirse a ellos. Acaz se ha negado y, en su lugar, buscó una alianza con Asiria; estos eventos descritos son en el segundo libro de los Reyes (2 Reyes 16, 5–9). Acaz ahora tiene miedo.
Isaías le aconseja confiar en Dios (Isaías 7, 4-6) y pedir una señal. Cuando Acaz se niega, el mismo Isaías le da una señal del Señor. Esto no viene de las profundidades del Seol, el lugar donde residen los muertos; en cambio, el signo es una doncella que está embarazada.
Los comentaristas bíblicos han escrito mucho sobre la identidad de este doncella y su estado. Contrariamente a las traducciones griega y latina de las Escrituras que usan la palabra ‘virgen’, parece que la palabra hebrea original, simplemente significaba una joven en edad casadera. Algunos piensan que ella podría ser la esposa de Acaz; otros la esposa de Isaías; o, tal vez, ella era una chica desconocida cuyo nombre se ha perdido en el tiempo.
Sin embargo, los cristianos desde la época del Evangelio de Mateo han entendido estos versos como mesiánicas profecías referentes a María y al niño Jesús. Dejando de lado la lucha de poder entre las naciones, Dios vendrá a la tierra en circunstancias muy humildes y vivirá entre nosotros.
Este es uno de los pasajes mas conocidos del libro de Isaías y es citado directamente por Mateo en el Evangelio de esta semana, que usa la traducción griega de la Septuaginta.
Evangelio ~ Mt 1, 18-24
La concepción virginal de Cristo
Un evangelio para los judíos
Mateo relata el nacimiento del Mesías no centrándose en María y su “sí” a Dios (como lo hace Lucas), sino centrándose en el mismo Jesús. Mateo es judío y escribe para judíos que se han convertido en seguidores de Jesús y ahora están siendo presionados para abandonar su fe. Él quiere animarlos, demostrándoles que Jesús es verdaderamente el que ha venido a cumplir las profecías del Antiguo Testamento. Este tema suele expresarse con las palabras ‘Esto fue para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta’, que ocurre unas dieciséis veces.

El significado de los nombres
‘Jesús’: El griego para ‘Yahweh ayuda’, que también se interpretó como ‘Yahweh salva’. En el judaísmo del primer siglo representa al nombre hebreo Josué.
El ‘Ángel del Señor’: En el Antiguo Testamento esta era una designación común para Dios cuando se comunicaba con un ser humano, a veces en sueños.
‘José, hijo de David’: Este es el nombre que usa el ángel cuando le dice a José que no debe temer tomar a María por mujer, ya que ella ha concebido por el Espíritu Santo. Por lo tanto, se hace eco de la profecía ‘Escuchen ahora, Casa de David …’ (Isaías 7, 13, 14: Primera lectura de esta semana)
Emanuel, Dios-con-nosotros: Este no es un nombre ordinario, sino un ‘nombre de trono’: un nombre tomado por los gobernantes que da tema de su reinado. Mateo empieza y termina su Evangelio con este tema, recordándolo en la última línea cuando el resucitado Cristo se aparece en Galilea: “Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días; si, hasta el final de los tiempos”. (Mateo 28, 20).
Ley y tradición judías
En Judea, los esponsales incluían el derecho de cohabitación. En la ley judía, si una niña no podía mostrar evidencia de virginidad, podría ser lapidada hasta la muerte (Deuteronomio 22, 20).
Los judíos creían que el Espíritu Santo era quien traía la verdad de Dios a hombres y mujeres, y les permitía reconocer esa verdad cuando la vieran. Conectaron especialmente al Espíritu de Dios con la obra de la creación. José estaba familiarizado con todas estas cosas y respondió con fe.
La intervención divina en el nacimiento de los elegidos de Dios era una tradición en Israel – la fe, como por ejemplo en la concepción y nacimientos de Isaac, Jacob y Samuel (Génesis 18, 11–14 y 25, 21; también 1 Samuel 1, 4–20).
fuente: https://stbeunosoutreach.wordpress.com/






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